Mientras todos los miembros de la familia de las ardillas continuaban cantando alegremente, las dos jóvenes que encontraron a Linda, le quitaron rápidamente la capa para colgarla de una percha de madera, la cual era tan pequeña que quedó totalmente cubierta por la ella. Otra ardilla, que por su tamaño y timidez, debía ser aún de muy poca edad, le ofreció un pequeño cazo de agua, mas al ver que Linda no estaba aún muy centrada, otra ardilla cogió el cazo y le tiró el agua en la cara para despertarla. Esta ardilla no hizo esto para ofenderla, sino para que despertara y se uniera a la canción que todos cantaban. Pues la canción de bienvenida continuaba y mientras las ardillas peinaban a Linda, le repasaban su vestido, la saludaban con un movimiento de cabeza y cola, la observaban y muchas otras acciones, ella aún estaba dudando entre el sueño y la realidad. Tan desconcertada estaba, que no hizo nada cuando algunas de las ardillas comenzaron a moverla y hacerla bailar.
Sin darse cuenta, Linda se encontró sentada por el suelo, ya que vieron que las sillas eran muy pequeñas para ella, delante de su plato, cubiertos y de 50 pares de ojos mirándola. En realidad, las ardillas esperaban un agradecimiento por la recepción que le habían ofrecido, o alguna palabra. Poco a poco, al ver que Linda aún no reaccionaba, algunas de la más viejas comenzaron a murmurar sobre la mala educación de los jóvenes humanos, mientras otros pedían silencio, atendiendo todavía con emoción el agradecimiento. Finalmente, una vez que Linda asumió que lo que estaba viviendo era completamente verdad, se levantó de nuevo y cantó con una voz dulce y armoniosa una canción de agradecimiento. Como las ardillas la conocían, todas se le unieron y, otra vez, bailes y palmas y ardillas de un lado a otro fue la nota durante otro buen rato.
Una vez la canción hubo acabado comenzaron las presentaciones. Linda Corredeprisa, les contó quien era y donde vivía. Las ardillas conocían a su abuela, quien era una gran amiga de ellas. Los más viejos tenían tratos con ella desde hacía mucho tiempo. La abuela de Linda era respetada y querida y todos sus amigos y familia eran los bienvenidos para las ardillas. Por su parte, la familia de ardillas resultó ser los Cordillone. Eran muy conocidos en toda Piedralandia, pues ellos tenían bajo su protección la mayor cantidad de árboles de frutos secos de todo el país. Por lo tanto, era una familia rica. No obstante, no era esto lo que les hacía tan conocidos, sino que el resto de ricos de Piedralandia los tenía por locos, ya que no se preocupaban por aumentar sus beneficios, sino que se conformaban con lo que tenían, siendo precisamente esto lo que les hacía tan ricos. También eran conocidos porque la familia de los Cordillone siempre trataba a los árboles con mucho respeto. No utilizaban productos químicos para que éstos producieran más y solo usaban la ayuda de algunas piedras mágicas, aconsejadas por cierto por la abuela de Linda, para evitar malas cosechas. Siempre se preocupaban de los menos desfavorecidos, dando alimento a otras familias de ardillas con menos recursos. Si algún año había una muy buena recolecta, entonces enviaban lo que sobraba a otros países lejanos donde había gente que no tenía de comer. Por otra parte, preferían intercambiar los frutos secos por otros productos, como miel, leche, muebles de madera y demás cosas que necesitaban y no se los podían proporcionar ellos mismos.
Después de las presentaciones, comenzaron a comer. La mesa estaba servida y todos los alimentos estaban en el medio. Todo el mundo podía comer lo que quisiera y en la cantidad que le diera la gana. No había restricciones, ni para grandes ni para pequeños. Cada uno de ellos sabía lo que era mejor para su salud y sabían controlarse y no comer más de lo debido. A quien costó mucho controlarse fue a Linda, quien viendo todos los manjares que habían encima de la mesa, en un principio no supo por cual comenzar, pues todos tenían una pinta exquisita. Había de salados y dulces. Nueces con miel, crema de avellanas, confituras, pizzas vegetales, ensaladas con semillas por encima, pastel de nueces, arroz con leche y muchas más cosas. Todo esto acompañado de pan y una bebida de frutas un tanto espumosa que Linda reconoció como producto de su abuela. Entonces una de las ardillas le recordó que hacían tratos con su abuela y sino, como se explicaba que a ella nunca le faltaran nueces y avellanas.
Durante toda la comida, Linda no paró de probar una cosa y otra. Las ardillas, hablaban y reían. Cada una de ellas acababa de comer cuando quisiera, simplemente recogía su plato y cubiertos y los iba a limpiar. Entonces se sentaban de nuevo a mesa o se iban a su cuarto o cualquier otro lugar de la casa. Había otras que se levantaban y volvían más tarde para continuar comiendo. Todo el mundo gozaba de libertad para hacer lo que quisiera. Linda también gozaba de esa libertad y cuando alguna ardilla veía que ella dudaba de coger más pastel de nueces, entonces una de las ardillas que la rodeaba, le servía un buen trozo. Linda habló mucho con una ardilla mayor que se sentaba en frente de ella. Habaron de anéctodas e historias del bosque y Piedralandia. También hablaron mucho de su abuela. Linda ya conocía muchas historias sobre ella, pero esa noche supo mucho más. Nunca hubiera imaginado que su abuela fuera tan conocida y querida en el bosque e, incluso, en todo el país. Sin embargo, sus luchas para salvar la naturaleza y respetar los beneficios de las piedras mágicas, le habían acarreado muchos enemigos, pero los Cordillone estaban allí para ayudarla y defenderla, ya que ella lo hacía también por ellos.
La noche fue avanzado y, poco a poco, muchas de las ardillas fueron a dormir, leer o a hacer otras cosas en sus cuartos, sobretodo los jóvenes. Linda se quedó con alguans de las ardillas adultas, y entre ellas las más viejas, para seguir hablando. Se trasladaron a una sala de estar, donde se sentaron en confortables sofás hechos con lana de cabra. Tomaron unos pocos pastelitos y un digestivo de hierbas del bosque. Linda no comió pastelitos a pesar suya, pero había comido demasiado. No obstante, si tomó un pequeño vaso del digestivo, pues quería dormir bien ya que lo necesitaba. En aquella itimidad, Linda les habló de lo que sucedía a su abuela. Aquella noticia entristeció un poco el ambiente. Algunos entendieron entonces porque los tratos habían disminuido, pero todos entendían que la abuela ya había luchado mucho. La echarían de menos, tanto las ardillas, como la mayoría de animales y humanos de Piedralandia. Mientras tanto, Linda les continuó explicando el motivo de su viaje, que consistía en encontrar la piedra mágica que aliviaría los dolores de su abuela. Las ardillas allí presentes le ofrecieron su ayuda en lo que puedieran. De paso, le explicaron que en los últimos meses, había un grupo de sapos que tramaban algo cerca del riachuelo, por lo que le recomendaron prudencia. También le dijeron que las dos ardillas que la encontraron, la acompañarían hasta el río, pues ahora no tenían ninguna otra tarea que realizar y con esto querían ayudar a su abuela, quien era una amiga muy querida por ellos. Además, si todo iba bien y salían de buena hora, llegarían al río no muy avanzada la tarde, por lo que podrían estar de vuelta para la cena a la gran casa de los Cordillone. Linda agradeció su ofrecimiento ya que hacer el resto del viaje acompañada la llenaba de ilusión y alegría. Dicho esto, todos se fueron a dormir. A Linda le hicieron una cama con paja y sábanas de seda en uno de los comedores, pues eran las salas más grandes y allí podría estirarse todo lo larga que era, que para las ardillas era mucho. A pesar de que ya no hacía tanto frío por las noches, le dejaron la chimenea encendida con un último tronco para que durmiera tranquila y caliente. Finalmente, la capa no le serviría par mantener el calor, mas a pesar de ello, al día siguiente no olvidó de salir con ella.