martes 20 de octubre de 2009

Poemas del futuro: una esperanza pasada

No quisiste darte cuenta
de lo tarde que era
y que la esperanza estaba rota.

Dime una cosa
¿En qué pensabas?

¿En las marismas
de una tierra muerta,
un lago podrido
y el cielo contaminado?

¿En los cadáveres
de inocentes triturados,
de árboles quemados
y pájaros sin plumas?

¿En las mentiras
de la sociedad,
de las ciudades
y sus habitantes?

No! No pensabas en nada de eso.
Solo te quedaste en tu llanto,
ese llanto consolable.
Te quedaste con la palabra
de una democracia tramposa.

Te quedaste allí sin hacer nada
dejando al pobre en su pobreza
y al rico en su riqueza
al pobre en la injusticia
y al rico en su justicia.

Te quedaste allí sin hacer nada
mientras tus hijos agonizaban,
a las mujeres violaban
y tus derechos se desmoronaban.

Te quedaste allí como tantos otros,
sin hacer nada...
sin cambiar nada..

¿Ahora qué?
¿Cual es el futuro?
¿Qué es lo que nos queda?

Es el capitalismo refundado,
esa ilusión mentirosa
de la clase media espantosa,
el que ha ganado.

Mira a tu alrededor...

¿Qué es lo que nos queda?
- La muerte.
Te vuelves a equivocar.
- La lucha.
Una esperanza pasada.

lunes 28 de septiembre de 2009

A tu lado

Los trocitos que dejaste,
fueron insuficientes
para recordar lo generosa
que fuiste a mi lado.
Al contrario,
fueron la dinamita perfecta
para derribar las débiles columnas
que sostenían la razón en mi mente.

No me volví loco, o sí.
El caso que el médico
me mandó pastillas,
que no tomé,
y unas vacaciones,
que si hice.

Marché lejos, no sé cuanto,
pero lejos siguiendo la luz naranja del sol.

Estuve en tal sitio
que el recuerdo me alcanzó
y mostró que ya había visitado contigo
el lugar donde estaba,
pues el subconciente me traicionó.

No fueron vacaciones felices,
ni tristes.
Ni siquiera amargas,
o dulces.
Fueron insípidas, incoloros
y de nada me sirvieron.
Solo para darme cuenta
que no podía vivir sin tí.
Para darme cuenta de lo tonto que fui.

Para marcharme rápido
y volver a tu lado.

Suerte que me recibiste
con los brazos abiertos
y un tono amable.

Y la noche fue tranquila
a tu lado.

Y la charla esperanzante
a tu lado.

Y allí siempre me quedé
a tu lado.

martes 1 de septiembre de 2009

El amanecer

Hace tanto tiempo que no escribo en este blog que, a veces, pienso en acabarlo, cerrarlo, abandonarlo... no sé, seguir con otras cosas, escribir para nadie, escribir para mi... o para Amapola, nueva musa, nueva esperanza.

Mi mente sigue pensando, inventando, sigue sacando historias que no consigo terminar porque el tiempo se me escapa entre las manos. Solo publico lo más malo, aquello que trabajo poco, porque quiero compartirlo y, luego, no sé si hago bien. Solo publico algunos de mis poemas, de los mejores entre lo mal poeta que soy. Por el camino se han quedado David, Descubriendo mundos, mis cuentos, ser un cuenta cuentos. Muchos proyectos que han caído en el vacío con respecto a la escritura, llegando al punto de ser un escritor fracasado, un intento de nada.

Aquí os dejo otro poema:

El amanecer es como una linda mujer.
De esas que, dando igual el gusto de quienquiera,
a todos dejan pasmados,
como petrificados, por su belleza.

Normalmente, tienen ojos felinos y brillantes,
como brillantes son las estrellas que aún se atisban
justo antes que el sol aparezca detrás de ese monte lejano.

Cada amancer es algo único,
porque cada vez lo vemos con ojos diferentes.
Nosotros nos levantamos diferentes
o pasamos la noche diferentes
y todo es diferente a la última vez que vimos un amancer.

Incluso aquellos que ven el amancer todas las mañanas,
tienen una vista y una idea diferentes
y, entonces, el amanecer se hace único.

Solo aquellos que no disfrutan de un amanecer,
incluso quienes ven uno todo los días,
son gente que no disfruta de la vida.

Solo aquellos que no se emocionan al ver un amancer,
aunque solo sea un poco,
son gente sin sentimientos, egoístas.

Mientras todas las cosas siguen igual,
un amanecer visto por una persona solitaria
se convierte en los latidos de la vida.

miércoles 17 de junio de 2009

El perro de madera

Fuensantas no era alguien sin problemas, mas el dinero siempre lo solucionaba todo. El dinero y los contactos, claro. Mientras se tuviera tanto lo primero como lo segundo, uno podía sentirse bien preparado para dar la cara al mundo. Contra más importante era la cantidad de dinero y contactos, proporcionalmente también lo era el poder. El poder en una ciudad, en un círculo... sobre otras personas.

A Fuensantas no le daba miedo la vida. Lo tenía todo y sin trabajar demasiado, aunque las reuniones con los socios fueran cada vez más tensas. No obstante, contando con el número de lujos que su vida social le permitía, las tensiones se olvidan pronto. Una mujer, con la parejita de hijos. Un coche para él, otro para la mujer y de aquí poco para el niño y la niña. Todos con móbil, él dos. Casa en una urbanización cerca de la ciudad, con autopista para llegar sin atascos. Segunda residencia en el mar. Otra casa en el extranjero, en el campo, en algún lugar poco conocido. Un yate. Todos los bienes materiales que podamos imaginar los poseía Fuensantas. Tenía éxito. Tenía una o varias amantes. Y el perro, no podía faltar.

Triguero era un hombre sencillo y fuera de lo común. Vivía en el campo, en un bosque, donde había instalado una cabaña. Trabajaba un huerto y con unas cuantas simples herramientas hacía utensilios de madera. Con ello ganaba el poco dinero que necesitaba para subsistir. Hacía sobretodo cosas para la cocina. Cucharas, tenedores y cuencos. Todo en madera. Iba por los mercados y allí los vendía. Lo que más le apasionaba era hacer animales y otras cosas, más raras, con la madera. Estos trabajos nunca los vendía, lo hacía por el placer y los solía regalar. Triguero no tenía muchos amigos, pero los pocos que tenía eran un tesoro muy valioso para él. Los cuidaba y les agradecía su existencia siempre que podía. Podríamos decir que Triguero era un hombre solitario con alma de bonachón y con la necesidad de sentirse tranquilo.

Un día cualquiera, sin saber como ni porque, Fuensantas se encontró en una reunión pijo-alternativa para tratar un negocio que, finalmente, ni le interesaba ni le reportaría un gran beneficio, siendo esta la causa de que el negocio no le interesase, pues de que se tratase le daba igual, lo importante era el dinero. Para colofón final, sus posibles socios, es decir, sus posibles esclavos, perdonen la equivocación, les había llevado a visitar un mercado de artesanos donde lo más interesante era ver tanta gente sin recursos en la vida en el mismo sitio. Fuensantas estaba agotado y solo pensaba en volver a la ciudad para darse un baño en su piscina privada climatizada y calentarse para olvidar el frío que estaba pasando en aquel lugar perdido y lleno de barro.

Sin quererlo, Fuensantas se fijó en un perro tallado en madera de unos diez centímetros, el cual era muy parecido al suyo. No es que le prestara una atención embobada, sino que pensó que aquello le haría gracia a su mujer con la que había mantenido una fuerte discusión sobre dinero hacía poco. El perro de madera le gustaría, se reiría, jugaría con el perro, el de verdad, y luego harían las paces, sin hacer el amor por entendido. Dejando de prestar atención a las explicaciones de sus esclavos, Fuensantas se dirigió al tenderete donde estaba el perro, ni siquiera se fijó en el vendedor. Al ver que no había un precio, entonces miró al hombre, de aspecto abandonado y frágil, que atendía el comercio. De primeras le daba pena aquel mísero y de malas maneras le pidió un precio para el perro de madera, sacando de su monedero tantos billetes de 100 euros que casi no le cabían. Aquel hombre no le contestó, entonces Fuensantas le miró a los ojos y al instante bajó la cabeza humillado. Nunca se había sentido así, porque nunca nadie lo había mirado como lo hizo aquel hombre. Quiso sobreponerse y levantó la cabeza de nuevo con aire vanidoso, con los humos subidos y un mal humor de creciente a explosivo. Soltó dos billetes de 100 euros sobre la mesa y se propuso coger el perro de madera, con tal ímpetu que resbaló en el barro y cayó manchándose de arriba a bajo. Todo el mundo le miraba, algunos reían y sus esclavos vinieron rápidos a ayudarlo. El hombre del tenderete se dirigió hacia él sin haber cambiado la mirada. Simplemente, le quitó el perro de las manos y le devolvió el dinero. Fuensantas se fue sin soportar el bochorno de saber que la gente se reía a su costa. No se despidió de sus esclavos, ni siquiera volvió a hablar con ellos ya que aquella tarde, volviendo con el coche a la ciudad, pensando más en su vanidad que en la carretera, tuvo un accidente empotrando su coche contra un camión y Fuensantas nunca se metió de nuevo en la piscina privada y climatizada, sino que fue el profesor de alemán de su hija quien cogió el relevo.

Esa noche, Triguero, al finalizar de ordenar todas sus creaciones y tomar un aperitivo con el resto de participantes del mercado de artesanos, pensó un momento en lo sucedido con el señor de negocios vanidoso. Recordó como le habló mal y también como bajó la cabeza luego de mirarle a los ojos. Triguero no era un hombre que se creiera superior, pero si sincero, por lo que creía que ese hombre era frágil, escondiéndose detrás de una máscara de hipocresía, sino no se explicaba porque aquel hombre reaccionó de aquella manera luego de bajar la cabeza cuando vio que él lo miraba con la pena que puede producir un humano de su condición.

viernes 22 de mayo de 2009

Verdad o mentira

Para Mari Carmen, mi mejor lectora de poemas. Espero que mi estilo pesimista no te aburra pues como te dije un día, a veces solo escribo un poema porque sé que tú vas a leerlo. Además, detrás de cada poema con derrota siempre hay una posible victoria, por lo que, siempre se refleja una luz de optimismo en la frase menos esperada. Espero que te guste.

No cuento las verdades a medias,
pero me siento perdido al verlas
marchitarse en la punta de mi lengua
como los lirios en primavera,
como los hijos de la guerra.

Como tormentos son los castigos
engendrados por estúpidos caprichos
y nadie sabe donde llega tal locura,
mas todos sabemos que conlleva amargura
en un mundo al placer de unos pocos.

Las mentiras ni las pienso,
aunque salgan con consenso
como aquellas que nos cuentan
y que los biempensantes aceptan
y contemplan
el lavado de imagen.
Otra construcción más,
muchos empleos basura,
unos árboles menos
y todos tan contentos.

Esas mentiras viajan cerca,
son listas y van con prisas
para tapar la chapuza
que se descubrirá a muchos años vista.

La mentira es la querida
y la verdad es el espanto
en una sociedad sin vida
en ciudades de lujo barato.

Pero para qué la verdad entera,
para qué mancharse el traje
si la gente es feliz
con la mentira a cuestas.
Para qué salir a gritos,
para qué esas minorías
si el arte ya no existe
y se vende y se compra
y solo aquellos que tienen el dinero
convencen de su verdad mentirosa.

Y encima hay esa frase
que tantas revoluciones ha frenado,
con la mentira en una mano
y la represión en la derecha:
"Este es el mundo que nos ha tocado"
por eso prefiero el que me rodea,
por eso prefiero no seguir a vuestro lado.

martes 7 de abril de 2009

La Despedida

Una ola que todo lo engulle
avanza escondida, con alevosía,
dejando un mar inherte
y una tierra ensangrentada
donde los valores no existen
y la voz está callada.

Los ribetes han desaparecido
de forma locuaz, con nocturnidad,
dejando nuestros sueños desunidos
y la esperanza rota
en una esfera de sacrificios hundidos
y violencia silenciosa.

Ante tanto aspaviento
solo me queda estar atento
y no mostrar signos de fatiga,
sino aprovechar toda alegría
para no hundirme en el trasiego
de mañanas frías.

El aire sigue tibio
cuando tus labios me hablan
pero yo estoy ciego
y tampoco escucho tus palabras,
soy digno de ser tonto
pero las ofendas me traban.

Finalmente, ante tanto roze,
solo me queda esconderme
y no sentir el goze
de verla callada, riendo,
sino de acortar el tiempo
y no sentir en las carnes abiertas
las ácidas heridas
de una triste despedida.

jueves 2 de abril de 2009

Poemas del futuro: Sangre infantil

El aire en la ciudad
está menos contaminado,
ya no hay petroleo
ya no hay coches
ni siquiera hay gente para conducirlos.

Se levanta un día nuevo
y nadie ha pegado ojo.
Las bombas volvieron a silbar,
otro barrio ha sido destruido.
Mas no hace falta tal despilfarro
pues las ciudades están desiertas,
no hay un alma en el camino
Barcelona está muerta.

Un niño sale de entre cartones,
hace días que perdió a sus padres,
con los ojos pegados por la tristeza
se dirije sin rumbo y con torpeza
hacia ningún lugar
pues su destino se lo llevó la guerra.

Un ruido se escucha a lo lejos
y el niño se esconde perplejo.
Las aceras tiemblan,
un cristal termina por caerse
todo está arrasado
y el tanque camina cansado.

El niño sale de su escondite curioso
solo en la Play había visto algo parecido.
¿No es bella la vida que le muestra lo irreal?
e irreal es el ruido de disparos
que vierte su sangre en la carretera.

El sargento del tanque llora,
otro infante muerto en la ciudad.
Es la extinción, estamos en el 2020
y el capitalismo renace de sus cenizas.

A los pocos minutos,
un hombre llora desconsolado
situándose al lado del cadaver
y levanta el puño contra los soldados.
No es comunista, ni es anarquista
solo es humano y amenaza encolerizado
al encontrar al hijo que había perdido
muerto por los errores del pasado.

martes 24 de marzo de 2009

Historia de un Barrio: Las Manifestaciones

Una manifestación sucede cuando un conjunto de personas se reune para mostrar su disconformidad con algo. También podemos describir como manifestaciones cuando un grupo de gente participa de alguna actividad organizada. De las segundas hay pocas por el barrio. Los vecinos no tienen tiempo ni ganas. Su máxima es trabajar para comprarse un coche, aunque no se den cuenta que compran el coche para ir a trabajar. Sus espíritus fueron vendidos al mejor postor y en la televisión no hay anuncios de una comida popular y gratuita, en la plaza de al lado, a favor de los clandestinos. De las primeras hay incluso menos.

Son los vecinos de la Calle de la Esperanza quienes se encargan de la organización de la mayoría de las manifestaciones. Simpre lo hacen en la alegría y con el objetivo de sumar a la mayoría del barrio, para hablarles, para intercambiar problemas y solidaridad. Normalmente se encuentran con las mismas personas, gente que ya está involucrada en la lucha por cambiar e ir hacía una salida mejor de la que nos imponen. No obstante, no se cansan, continúan y mis allegados están entre ellos gritando desde la Revolución himnos contra la desocupación de las plazas y calles. Nos quitaron los lugares y ahora también la vida. Solo unos pocos luchan por ocupar de nuevo lo que pertenece al ciudadano, pero no lo consiguen y, aunque no se rinden, la poesía del taller de sonrisas se pierde poco a poco entre las mismas caras que no utilizan un día y un lugar como una excusa para abrazarse y sonreirse, pues lo hacen a todas horas y en todos sitios, sino porque creen firmemente que un día algo pasará.

Las protestas que se organizan transcurren por todas las calles del barrio. Son manifestaciones donde, normalmente, no participa mucha gente y las caras son conocidas de todos, son los vecinos de la Calle de la Esperanza, de nuevo ellos. Una minoría llamada anarquista que no se esconde ante las desventajas y sale para oponerse a lo que consideran injusto. Los únicos habitantes del barrio que pasan por sus grises calles por la mañana, los miran robotizados, sin la capacidad de pensar en lo que está pasando, sin la capacidad de reaccionar contra o por lo que se manifiestan algunos. Solamente algún parado, que vive amargamente su vida, insulta a los manifestantes desde la ventana de su piso, incapaz de unirse a ellos, pues su lucha es la de ser un esclavo y llora odiándose mientras bebe y pega a su novia.

Antes yo era de los que se asomaban a la ventana, en aquella época que la vida pasaba sin más y mi cabeza estaba en paro técnico, imposibilitando una reacción rápida. Solo a veces, el perro me miraba y él me instaba a salir, a gritar, a unirme. Cuando la resaca me lo permitía lo hacía, mientras quien fuera mi novia se fumaba otro porro para seguir durminedo. Otras veces me derrumbaba al suelo herido mortalmente, pues me daba cuenta que el ciclo de la vida seguía su curso, y era en espiral, de donde no podía salir.

Por suerte, ahora soy yo parte de los organizadores y no me canso de trabajar con los mismos y de ver las mismas caras. También, ahora, participo de los talleres de teatro de calle, huertos compartidos y otras actividades que antes veía anunciadas, comentaba lo genial que eran y, sin embargo, nunca llegaba a participar. Ahora soy yo quien, viviendo en la Calle de la Esperanza, ve como, por suerte, las nuevas generaciones vienen cargadas de ánimo y nosotros tratamos de regar esa planta de la solidaridad para que pueda expandirse por todas las calles del barrio y que sean más los que se unan a nosotros. Pero también, ahora, formo parte de los reprimidos y encarcelados, pues algunas manifestaciones se acaban cuando la policía decide que se acaben y no son pocos los compañeros que han sido llevados a la Cárcel de Torturas, de donde salieron indemnes o marcados para toda la vida. Noy hay una gamma multicolor en esas salas, o es blanco o es negro y, por desgracia, casi siempre suele ser negativo.

A pesar de lo poco que se avanza, todos son optimistas, si no en el futuro del barrio, en el suyo propio. Cada vez son más los que abandonan la lucha y las manifestaciones para cambiar su vida e irse lejos del barrio y la ciudad y comenzar a procurarse su propio alimento. Cada vez son más las redes que se crean entre nosotros y el campo. Yo acabo de llegar a la Calle de la Esperanza, todavía son largos los años de lucha que me quedan, rodeado de mis allegados, que vienen y van, junto a la vecina, que por ahora se queda a mi lado y yo estoy tan bien escondiéndome entre sus dulces besos cuando lo necesito y cuando no también.

Las manifestaciones son un vehículo de salida para mostrar los ideales de un grupo de inconformistas, que sin dudarlo un minuto, y teniéndolo bien claro, no van a dejarse llevar por la desesperación que reina en algunos lugares, como en la Calle de la Amargura, sino que son capaces de entender que llegado el momento, más vale sacar las castañas del fuego y dejar paso a otra gente, que siempre la hay, y mientras nos juntemos cuatro gatos para crear un taller de sueños, siempre se podrá decir que lo utópico existe y solo se necesita un poco de esfuerzo para encontrarlo.

jueves 26 de febrero de 2009

Miedo del recuerdo

Pablo y Pepe vivían en una ciudad cualquiera treinta años después de la gran crisis del 2012. Estaban rozando los 60 y la vida se les acababa. La contaminación había aumentado desde que las fábricas podían hacer lo que querían, con respecto al CO2 y el cielo ya nunca era azul, sino gris como los nuevos pisos que se hicieron. Bloques de hormigón grises y fríos. El sol no aparecía nunca y la luminosidad se dejaba engañar por las farolas que quedaban encendidas todo el día. Iban fumando y bebiendo para avanzar el cáncer que se los comía.

- Esta cerveza en polvo no es para nada comparable con una buena cerveza de antes - exclamó Pablo.
- Pero que estás diciendo - comenzó a protestar Pepe-, tienes la lengua tan pegajosa e hinchada por el tumor que ya no puedes distinguir los sabores.
- Mas acuerdate de la cerveza rubia, doble malta.
- Acuerdate... acuerdate - ironizó Pepe -. Los recuerdos son peores que el cancer.

Continuaron caminando sin dirección determinada. Pasaban los portales de los pisos, uno por uno, sin notar ninguna diferencia. En esa ciudad cualquiera, como en todas las del nuevo mundo, ya no había árboles, ni plazas, ni coches ni nadie. Todo el mundo se movía por galerías subterráneas, yendo de un lugar a otro con metros. Todo un estado estaba conectado por metros. Allí el aire era mejor que en la superficie. Poca gente se veía paseando al aire libre. Pablo se sacó una nariz roja de clown y se la puso encima de la suya.

- No me jodas Pablo - se quejó Pepe atemorizado -. De donde mierda has sacado eso.
- ¿No lo reconoces? - le preguntó éste - Son nuestras narices.
- Déjate de royos - le espetó Pepe a su amigo al ver que este quedaba callado y comenzaba a andar de forma un tanto... rara.
- Es una de las narices que utilizábamos cuando ibamos a las manifestaciones como clowns.
- Es un objeto ilegal - afirmó rotundamente Pepe, con mal aspecto y un tinte de cara pálido. Su rictus se transformaba en terror -. Hacer el clown hoy en día es ilegal, así que para.
- ¿Pero no te da buenos recuerdos? - continuaba Pablo caminando con largos pasos y los brazos lánguidos intentando liberar el clown que hace treinta años estaba en libertad.
- Estate quieto y déjame en paz - gritó furioso Pepe -. Ni recuerdos ni leches. No sé como conseguiste guardar esa nariz ni me interesa. Solo sé que yo vivo en el presente y no tengo memoria antes del 2012.

Pablo se quitó la nariz roja, se la guardó y ya no dijo nada. Continuaron bebiendo la cerveza caliente, algo aguada para tener más cantidad. También continuaron caminando, hacía horas que caminaban, dando vueltas, sin cambiar el paisaje de pisos altos y grises sin ventanas. Por las calles ya no habían aceras ni asfalto, todo era un barrizal y solo de vez en cuando se veía un ascensor que permitía bajar al subsuelo. Se les acabó la cerveza.

- Quiero enseñarte algo - dijo Pablo a Pepe.
- No estoy para que me enseñes más cosas - Pepe había recuperado su ánimo pesismista -. Seguro que también es ilegal.
- Acertaste, pero te lo quiero enseñar amigo mío.

Se dirijieron con paso más vivo hacia las ruinas donde vivían. Eran viejas casas contemporanes que habían quedado abandonadas en zonas de la ciudad antigua que no se habían visto afectadas por las nuevas construcciones. La guerra había matado ha mucha gente. No se sabía en cuanto se elevaba la población mundial treinta años después de la crisis. En realidad no se sabía nada sobre nada. Pablo iba sonriente, recordaba los años mejores. Estaba como un chiquillo que encuentra su cofre del tesoro, el cual había dado por perdido en un cambio de vivienda. Por su parte, Pepe pensaba ya en mezclar el saquito de polvos de cerveza, que tenía en el baúl de comida en las ruinas, con unos dos litros de agua contaminada, para seguir matándose poco a poco. Finalmente llegaron.

- Quédate aquí - aconsejó Pablo a su amigo, el cual, sin convicción ninguna comenzó la preparación del brebaje -, voy a buscarlo. Es una sorpresa que te va a encantar.
- Qué equivocado estás, amigo mío - dijo Pepe más para sí mismo que para Pablo -. No sé porque, pero me temo que hoy me vas a matar.

Pablo no tardó mucho en volver. En sus manos tenía una pequeña caja de madera que abrió ante las narices de su amigo. Dentro había un bolígrafo de tinta negra con punta fina. Un libro de Jacques Prévert y unos papeles con textos escritos con una caligrafía puntiaguda y fea y otros en blanco. Pepe comenzó a respirar trabajosamente. Miraba de un lugar a otro.

- Estás loco! Estás loco! - vociferaba rabioso y temerosos Pepe a su amigo - ¿Qué es lo que me enseñas?
- Es tu pluma, es tu libro de poemas de Jacques Prévert... ¿Te acuerdas? - preguntó inocentemente Pablo todavía con la cara de aquel niño ilusionado.
- Ya sé lo que es necio - continuaba gritando Pepe -. Eres un necio. Estas cosas son ilegales. Es ilegal leer, es ilegal escribir, es ilegal tener papel.

Todo era ilegal en el nuevo mundo, es decir, todo lo que conllevara un trabajo intelectual. Nadie pensaba y, en realidad, no les hacía falta. La vida era demasiado corta para preguntarse algo. Todo eran rumores, pero se decía que los recién nacidos no vivían mucho tiempo. El ser humano se había condenado a la extinción, mas no solo a él, sino a todo el planeta.

- Estás loco! - continuaba recriminando, ahora entre sollozos, Pepe a Pablo -. Nos van a encerrar y yo quiero morir tranquilo. Es todo ilegal.

En un principio Pablo se sintió mal por hacer llorar a su amigo, pero luego, convencido de lo que hacía era algo bueno para Pepe, también para él, en definitiva, para los dos, insistió. Primero cogió el bolígrafo y un papel en blanco y comenzó a escribir. No lo había hecho desde su prohibición, hacía casi treinta años. Escribió su nombre y luego dibujó. Un corazón, una casa con jardín y en éste unas flores. También un sol. Siguió escribiendo. Mientras tanto, Pepe había parado de llorar y miraba lleno de pánico a su amigo.

- Estás loco! - le dijo de nuevo a Pablo - Pero... ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco? Es ilegal!
- Y leer también es ilegal - dijo lleno de rabia Pablo y cogió el libro de poemas de Jacques Prévert y comenzó a leer.
- Para, calla - le ordenaba Pepe intentando ponerle las manos en la boca para que no leyera - Para, calla ¿Qué haces?

Pablo seguía leyéndo y le mostraba el libro a Pepe, como diciéndole si no recordaba cuando era él quien leía esos poemas. Pepe se puso finalmente las manos sobre sus oídos, tapándolos, para no oir a su amigo. Comenzó a sollozar de nuevo y decía noes repetidamente. Noes dichos con mucho miedo, como alguien que ha visto la muerte cerca y todavía no está preparado para saludarla. Entonces, Pablo quiso rematar la faena, estaba dispuesto a acabar hoy, era el día, estaba cansado y ya habían pasado muchos años. Cogió los folios escritos y se los enseñó a su amigo.

- Mira, recuerda - hablaba ahora furioso Pablo -. Son tus textos. Recuerda como los escribías, porque lo hacías, por lo que luchabas.

Pepe tenía los ojos rojos de llorar, estaba encumbrado de pánico, su cara era pálida. Recuerda... Recuerda... RECUERDA.

- No quiero recordar! - estalló Pepe -. Es ilegal todo esto. Porque me haces daño, yo solo quiero morir. Es ilegal.
- Pero no te van a hacer nada - le dijo ya más tiernamente Pablo, queriendo acercarse a su amigo para reconfortarlo -. No les importamos una mierda. Venga coge el bolígrafo y escribe. Recupera un poco tu vida. Vamos a recordar cuando no llegábamos ni siquiera a los treinta. Mira tus textos, eran los más leídos, los más temidos por los ricos. Eras el mejor escritor. Escribe por favor.
- Tengo miedo...
- ¿Miedo de qué?
- Tengo miedo de recordar. Es todo ilegal.

Pablo abrió el puño crispado de su amigo Pepe que se cerraba cerca de sus sienes. Le puso el bolígrafo y le dio un papel. Pablo lloraba aún.

- No puedo. Tengo miedo. No quiero recordar.
- Escribe de nuevo por favor.

Entonces, Pepe comenzó a escribir y no paró ni siquiera cuando el papel se hubo acabado. Continuó por el suelo, por las paredes y por las pocas camisetas que tenían él y Pablo. Escribió todo lo que no había contado desde que le prohibieran hacerlo y le quitaran todos sus bolígrafos, el ordenador, libretas y todo objeto potencial de utilizarse para contar algo. Pablo que iba leyendo lo que su amigo escribía, observó como éste lo hacía como antes. Magistralmente, como un verdadero artista. Un muy buen escritor.

Escribió artículos de opinión, cuentos, poemas y puso el punto final justo cuando la tinta se acabó. Entoces se tumbó jadeante, con los brazos abiertos y mirando al cielo. Lo veía azul y el sol le rozaba la cara. Una sonrisa apareció en su semblante y por primera vez, des de hacía treinta años, era feliz. Pepe murió sin temor a recordar aquellos años en que les robaron la libertad definitivamente.

Pablo acabó de leer todo lo que su amigo había escrito por tercera vez. Lo miró y lo envidió. Se puso su nariz de clown y comenzó a caminar con pasos largos y los brazos caídos y desapareció y nadie lo vio nunca más.

domingo 8 de febrero de 2009

Conspirando

No conspiro contra la vida
ni conspiro contra la muerte.
La pirámide de cartas se derrumba
y yo en lo alto siento los temblores.
Las vestiduras nos desgarramos
entre consuelos nos escondemos.
Son sus senos las colinas prometidas
mas desde allí solo veo el desierto.
Las mentiras nos acompañan
el veneno ya no me daña.
Mis palabras ahora te esquivan
cuando en el pasado te acariciaban.
Lloramos por no suicidarnos
vemos el tiempo perdido pasando.
Una niña levanta la mano
pero nadie la está mirando.
El egoísmo es lo que predomina
individualismo individual individualizado.
En la noche ya no hay oscuridad
las luces de la ciudad esconden las estrellas.

Mis manos están agrietadas
un precipicio bajo mis pies
mañana ya no me recordaréis
ni tampoco a quien muere de hambre.

No conspiro contra la vida
no conspiro contra la muerte
mas la muerte me quita la vida
y la vida me lleva a la muerte.

jueves 5 de febrero de 2009

El Negocio de un Remedio (VI)

Linda estaba tan cansada que no despertó para participar en la reunión. Tampoco nadie tuvo el valor de hacerlo, ni siquiera susurrádole palabras suaves al oído. Su abuela, que era quien mejor la conocía, sabía que no solo era el cansancio físico el causante de tan inquieto sueño, pues Linda se movía nerviosa y hablaba mientras dormía. Para Linda, esta experiencia era su primera situación frente a las verdades de un mundo no tan bonito como algunos quieren hacer creer a los niños. Tal como ya os he contado, aunque en Piedralandia animales y humanos se traten por igual, es un país como cualquier otro. Con sus mismos problemas y, también, con sus mismas bellezas.

Por suerte, en Piedralandia no todo estaba perdido, todavía quedaba gente que combatía por un mundo más justo, es decir, que combatía por el mundo que existía y no por ese que algunos querían crear. No había policías ni militares, solo guardianes que se proponían como voluntarios con ganas de ayudar a quienes más lo necesitaban, como los búhos nocturnos. Por eso, durante la reunión que se mantuvo en casa de los Cordillone, de lo que se discutió fue sobre un plan para echar fuera a los explotadores de piedras mágicas. Cada uno de los allí presentes tenía una tarea que realizar. Y todos la realizaron correctamente.

Este relato no tiene como objetivo contaros nada donde Linda no participara, ya que Linda no participó del plan. Ella era aún muy pequeña y ya había pasado por situaciones un tanto complejas como para vivir de otras más difíciles. Os basta con saber que los castores abrieron del todo las compuertas de la presa que formaba el lago Mirabel. La riada que se formó cogió desprevenidos a los hombres que recogían piedras del río. Los lugareños del pueblo del valle, que también participaron de la reunión, habían construido una barrera capaz de contener las aguas para proteger el pueblo. Por lo tanto, después se encargaron de achicar el agua poco a poco y recoger los cuerpos de los trabajadores de la empresa piedracéutica. También tuvieron como misión encargarse de los camiones, humanos y sapos que hubieran escapado de la riada o de los ataques de búhos y ardillas y no dejar que salieran del bosque. Por su parte, tal como ya he introducido, los búhos, junto a otros pájaros, se encargaron de picotear a los sapos gigantes hasta que estos explotaban. Las ardillas, la mayoría de la familia Cordillone, pero también había de otras del bosque, destruyeron los barracones con los ejecutivos dentro y desmantelaron los camiones uno a uno. Finalmente todas las piedras fueron salvadas, salvo aquellas que ya habían trasladado. El plan fue un éxito y el bosque volvió a la tranquilidad durante muchos años.

Mientras tanto, la abuela de Linda y ésta, fueron paseando tranquilamente hasta su casa. Allí la abuela se hizo el brebaje y sus dolores desaparecieron del todo. Todavía vivió durante unos años, el tiempo suficiente para enseñar a Linda las características del resto de piedras mágicas que aún no había aprendido. También, a petición de su nieta, le contó más sobre las luchas sociales, la combatividad y la solidaridad. Linda siempre se quedó un tanto insatisfecha de no haber participado en los acontecimientos, que tuvieron por nombre, la Venganza del Riachuelo. No obstante, su abuela se encargó de explicarle que no era el momento, que en esa aventura hizo más de lo que debía.

Linda pasó los años en el bosque, igual de feliz que antes de su experiencia aquí contada. Hizo una amistad muy profunda con Travieso y Traviesa. Aprendió mucho de su abuela y estubo junto a ella hasta el día de su muerte. Cuando esto ocurrió, abandonó el bosque junto a sus dos amigas. Linda, Travieso y Traviesa fueron grandes militantes y su nombre siempre se recordará en Piedralandia por haber sido protagonistas principales de bonitas luchas sociales. Mas estas son historias que no vienen al caso y puede que algún día otro cuenta cuentos, que estuviera por allí presente, os cuente como fueron las cosas. Yo como habitante del valle, os cuento con orgullo, como Linda Corredeprisa, la más bonita y rápida de las niñas del bosque, abrió el camino para que nosotros lográsemos una victoria y, así, Piedralandia pueda disfrutar aún hoy de la esencia de las piedras mágicas del riachuelo del bosque. Por eso, con esta alegría se acaba este cuento, donde nadie comió perdices, pues éstas eran, y son, buenas amigas nuestras.

miércoles 4 de febrero de 2009

El Negocio de un Remedio (V)

Linda comenzaba a estar algo preocupada, cuando Travieso y Traviesa llegaron de sus pesquisas sobre las actividades alrededor del riachuelo. Habían pasado casi dos horas desde que la dejaron sola, escondida, y la luz del sol había desaparecido completamente. Tal como os he contado, la luna no era llena, es más, esa noche la luna era nueva y algunas nubes tapaban las estrellas. Por lo tanto, la oscuridad era completa. Travieso y Traviesa no se habían extraviado gracias a su vista nocturna, característica de las ardillas y otros roedores. Sin embargo, temían por Linda, pues no dudaban que se perdería en aquella oscuridad. Explicaron sus temores a la niña y ella estubo de acuerdo con ellos. En aquella oscuridad, nunca llegaría al lado del riachuelo sin pasar por muchas dificultades y, por otra parte, corría el riesgo de caerse en algún agujero o en el agua. "Sí hubiera algo capaz de cubrirte... podrías utilizar la lámpara ", fue el comentario de Traviesa que encendió la bombilla del recuerdo a Linda, pues en ese momento pensó en la capa, cuyos poderes había olvidado por completo desde que se encontrara cenando en casa de los Condillone y, por lo tanto, se sentía en completa seguridad. No obstante, ahora la capa podría ayudarle a obtener una piedra mágica para su abuela, y todo gracias a ella, pues le había hecho un regalo magnífico. Rápidamente les contó la noticia a sus compañeras y ante el escepticismo de ellas, Linda insistió en que tenía plena confianza y confiaba que incluso con una luz, la capa la protegería de ojos maliciosos. Les recordó también, que las dos ardillas, cuando se toparon con ella, y a pesar de su buena vista nocturna, no la hubieran descubierto si no hubieran pasado con sus patitas por encima de la capa. Travieso y Traviesa acabaron por convencerse y trazaron un plan basado en la plena confianza de que la capa protegería a Linda.

Aún esperaron una hora antes de actuar. Mientras tanto, explicaron a Linda lo que habían descubierto durante el tiempo que estuvieron investigando por el riachuelo. Vieron que había centinelas todo a lo largo de éste. Más o menos separados unos 20 metros entre ellos y cubrían un total de un quilómetro de largo. Tuvieron muchas dificultades para pasar del otro lado sin ser vistas. Mezclaron su rapidez con un momento de despiste de uno de los guardianes para poder pasar el pequeño río a través de las copas de los árboles. No sabrían decir un número exacto, pero podría haber unos 50 sapos gigantes vigilando. También averiguaron que en los alrededores había humanos. Estos no se dedicaban a la vigilancia, sino que extraían piedras mágicas del riachuelo y las metían en grandes sacos para cargarlas en camiones. Una vez que estos estaban llenos, otros hombres montaban en ellos y se iban bosque abajo. Además, habían descubierto que no muy lejos, en un gran claro que quedaba de la otra orilla del riachuelo, había unos barracones que, sin duda, servían de dormitorio para los hombres e, incluso, puede que para los sapos gigantes. Allí también habían visto reunidos unos hombres vestidos de ejecutivo. Eran 5 y parecían muy contentos. Sin embargo, no pudieron averiguar nada más, pues en ese momento vieron como muchos de los hombres y sapos volvían al campamento de barracones. Se fueron rápidamente y esta vez tuvieron menos dificultades en pasar del otro lado del río. No vieron nigún centinela, por lo que, Travieso y Traviesa, creían que por la noche los trabajos se paraban y quedaban vigilando menos sapos o incluso ninguno, pues por todos es sabido, que estos anfibios no ven bien por la noche. Así que si la capa realmente funcionaba junto a que había menos vigilancia y mala, tenían muchas posibilidades de que su plan funcionara.

A pesar del optimismo de sus amigas ardillas, Linda estaba un tanto preocupada. Según los datos que Travieso y Traviesa habían obtenido, ella no tenía ninguna duda de que se trataba de una empresa piedracéutica. Estas empresas no hacía mucho que existían, pero desde entonces siempre habían molestado a su abuela para que les proporcionara los remedios a partir de la utilización de las piedras mágicas. Ella se negaba siempre, pues no estaba de acuerdo en explotar las piedras, las cuales eran la esencia del país. Ante las negativas, las empresas piedracéuticas se dedicaban a hacer investigaciones hasta el punto de hacer desaparecer algunas de las piedras. A veces obtenían remedios que funcionaban bien, pero la mayoría del tiempo no conseguían nada. Incluso si en Piedralandia hay miles de piedras mágicas, hay muy pocas personas que sepan utilizarlas. Antes todo el mundo sabía algo sobre ellas, mas desde que el dinero y las prisas se habían instalado, la mayoría de humanos y animales utilizaban productos químicos para la mayoría de cosas y ya nadie se preocupaba por las piedras.

A pesar de todas las dificultades y la tristeza de ver invadido su precioso bosque por gente mala, Linda, junto a Travieso y Traviesa, decidieron continuar con su plan y, así, poder ayudar a la abuela de Linda. Cuando se disponían a salir de su escondite, algo se interpuso en su camino, dándoles tal susto que casi no llegaron a ahogar un grito que les hubiera delatado. Aunque posiblemente ya los habían descubierto. En realidad, se trataba de un búho. Exactamente, se trataba del mismo búho a quien las dos ardillas habían gastado la broma. Ya pensaban que éste las había descubierto y ahora les tocaba una gran reprimenda. No obstante, el búho se presentó saludádoles con gran cortesía, inclinando todo su cuerpo hasta que este formo un ángulo de noventa grados con sus pequeñas patas. Se inclino de tal manera, que perdió el sentido y estubo a punto de caerse. De nuevo, los tres amigos tuvieron que ahogar un grito, pero ahora de risas. Se trataba de Noctancio Ramacaída, uno de los guardias nocturnos del bosque, quien se disculpó de su traspiés acusando al protocolo. A Travieso y Traviesa les dijo que ya arreglarían cuentas a causa de la broma pesada, aunque les dijo esto con un tono algo divertido. Luego más serio, les dijo que venía de parte de la familia Cordillone. Les venía a informarles, que ya no hacía falta que continuaran con sus planes de obtener una piedra del riachuelo, pues éste se había vuelto peligroso. Noctancio les aconsejaba de volver a casa de los Cordillone, donde nuevas noticias y sorpresas les esperaban. Por su parte, él les acompañaría hasta el destino, pues estaba invitado a la reunion que se mantendría en casa de las ardillas. Además, debían partir ahora mismo y, por lo tanto, les ayudaría a evitar peligros volando delante de ellos.

El camino nocturno por el bosque fue tranquilo, pero a la vez rápido y algo nervioso. El búho, siempre volando delante de ellos, les anunciaba cada media hora que todo estaba correcto y no había peligro. Mas, a pesar de ello, ni Linda ni las dos ardillas se encontraban agusto. Sin duda, algo más peligroso, de lo que ellos podían haber imaginado, estaba sucediendo en el bosque. Hubo un momento en el que pararon, los tres estaban muy cansados y necesitaban dormir. Lo hicieron durante unas tres horas, mientras Noctancio vigilaba desde una rama del árbol donde descansaban. Cuando despertaron, comieron una galleta de la abuela de Linda y se pusieron de nuevo en camino. Llegaron a casa de los Cordillone cuando ya se hacía de día. Cuando entraron, pudieron ver que había mucho bullicio en todos los comedores y salas de estar. El desayuno estaba preparado. Entonces, Travieso, Traviesa y Linda, se dieron cuento que no había solo ardillas comiendo. Había humanos del pueblo del valle, también algunos búhos y un grupo de casteros que venían de arriba de la montaña, donde se encontraba el gran lago Mirabel. Linda estaba perdida, ya no sabía que pensar y solo intuía que algo se estaba preparando y que ella había fallado a su abuela. Entonces la vio entre el gentío. Corriendo y llorando se lanzó a sus brazos. Ella la consoló y le dijo que luego hablarían, pero que ahora tocaba comer un poco y luego descansar, pues a las diez había prevista una reunión muy importante.

lunes 2 de febrero de 2009

El Negocio de un Remedio (IV)

Linda junto a sus dos nuevas compañeras no salieron al día siguiente tan temprano como habían previsto durante la cena. Ella estaba tan cómoda en la cama que le habían preparado, que se le pegaron las sábanas y no despertó hasta que una de las ardillas adultas le dijo dulcemente al oído que el desayuno estaba servido. Entonces, Linda se levantó de un feliz sueño, bien reposada, para continuar en un mundo mágico. El desayuno también los retardó, pues las dos ardillas no tenían ninguna intención de irse con el estómago vacío. En realidad, a Linda le gustaron tanto los manjares del día anterior, que no le importaba retrasarse todavía un poco más con tal de probar otra vez la crema de avellanas y la confitura de frambuesas. Una vez que los tres estuvieron más que saciados, se dispusieron a partir.

Resultó que las dos ardillas que acompañaban a Linda eran la más traviesas y, a la vez, joviales de la casa de los Cordillone. Se llamaban, precisamente, Travieso y Traviesa. Durante todo el camino, que les llevaría al riachuelo del bosque, no pararon de hacer bromas, contar chistes y, a veces, alguna que otra travesura. Como por ejemplo, despertar a una anciano búho que dormía tranquilo reposado en una rama, que quedaba delante de su casita, gritando desde todos sitios "fuego, fuego". Tal como sabréis, los búhos en Piedralandia eran los encargados de vigilar el país en las horas nocturnas. Por lo tanto, el búho protagonista de la broma, después de una dura noche de vigilancia, se despertó tan cansado y, al mismo tiempo, dispuesto a lo que fuera, que a causa de la excitación perdió el equilibrio y sólo se salvó del batacazo gracias a que desplegó sus alas en el último momento. Linda no podía evitar reir a carcajadas, a pesar de que se sentía mal cuando veía al pobre búho buscando a los malechores. En definitiva, podéis imaginar que con Travieso y Traviesa a Linda el segundo día de su viaje se le pasó muy rápido.

Llevaban caminados unos cuantos quilómetros, cuando pararon un momento para comer una galleta de la abuela de Linda. Travieso y Traviesa, que estaban más tranquilos y atentos a posibles eventualidades negativas, le preguntaron a Linda porque se apellidaba Corredeprisa. Ella les contó que su abuelo fue mensajero para grupos alternativos de todo Piedralandia. Llevaba consigo mensajes secretos y de mucha importancia. Su abuelo hacía ese trabajo con mucho gusto, por tal de ayudar y mejorar la vida en su país. Siempre que un grupo necesitaba de él, le llamaban y en poco tiempo estaba presente. Le daban el mensaje y todos le decían que corriera de prisa pues era urgente. Y su abuelo les hacía caso, tanto corría y tantes veces le dijeron "corre de prisa", que al final le apodaron con esta frase y ahora se conocía a su familia por ese nombre. Después de contarse otras pocas anécdotas, se pusieron de nuevo en camino. La hora de la comida ya hacía tiempo que había pasado y solo habían parado un momento para descansar. Pronto la tarde pasaría y ya no creían posible estar de vuelta para la cena en casa de la familia de Travieso y Traviesa.

Justo cuando el sol comenzaba a ponerse, los tres amigos escucharon el ruido del riachuelo que bajaba al valle. Se alegraron de estar cerca de su destino, pero también fueron más cuatelosos, para evitar ningún problema inesperado. Todavía se acordaban de las advertencias de los más viejos. De hecho, éstos habían enviado a Travieso y Traviesa para ayudar a Linda, pero también para que les trajeran informaciones de posibles actividades sospechosas cerca del riachuelo. Cuando ya se disponían a bajar hacia el lecho, donde bajaba el agua rápida y fría, en ese momento les salió un gran sapo verde con puntos negros. Era casi tan grande que Linda. Las ardillas adivinaron que se trataba de un sapo de la familia de los sapos gigantes de Piedralandia. Eran sapos venidos de lejos. Inteligentes y de mala fe. Se habían instalado poco a poco en el país sin saber nadie quien los había invitado y por donde habían venido. El sapo les dijo que la entrada a los límites del riachuelo estaba prohibida. Más exactamente, a quinientos metros de cada uno de los lados. Incluso la parte derecha del riachuelo, que era la contraria de donde vivían las ardillas y Linda, el excursionismo estaba prohibido y únicamente se podía caminar por el bosque con el permiso adecuado. Mientras les informaba de tales prohibiciones, el sapo gigante intentaba hacerles retroceder, pues se había despistado y Linda, Travieso y Traviesa habían penetrado demasiado dentro del perímetro de vigilancia. No hizo falta que les empujara mucho, pues su aliento fétido los había casi adormilados y retrocedían por tal de no olerlo más.

No obstante, Linda reaccionó y le comentó al sapo feo y grande que solo necesitaba recoger una piedra mágica del río para poder curar a su abuela, que la conocía bien y solo tardaría unos segundos, pues resultaba que en el riachuelo había muchas como la que buscaba. Aunque dijo todo esto con su voz más convincente, el sapo gigante parecía estar sordo pues les mostró su porra y les amenazó con ella si no se iban. Entonces, Travieso y Traviesa comentaron al sapo que su familia tenía terrenos del otro lado del riachuelo y que nadie les había hablado de la prohibición de circular por allí. El sapo que estaba bien informado de tal circunstancia, les dijo que los Cordillone no eran bienvenidos por esa zona del bosque y sus terrenos habían pasado a otras manos. Entonces, Travieso y Traviesa cogieron a Linda por sus brazos, ante el miedo de que ella sacara su alma combatiba, heredada de su abuela. Se la llevaron de delante del sapo con grandes sonrisas, mientras sus cabezas ya pensaban en como evitar el cerco de vigilancia. Se alejaron lo bastante para que el Sapo no los viera. Linda iba soltando improperios contra el sapo y la mala suerte que tenían. Casi estuvo a punto de llorar pues quería llevarle a su abuela la piedra mágica para que ella pudiera hacerse un remedio contra los dolores. Sus dos amigas ardillas la consolaron y le dijeron que no decayera tan pronto, pues sólo habían retrocedido para coger ventaja y pensar, pero no se habían rendido.

Travieso y Traviesa hablaron en voz baja sobre diferentes ideas para trazar un plan que les permitiera conseguir una piedra mágica. Luego de vuelta a casa de su familia, entre todos ya verían que podrían hacer para solucionar el tema e informarse de quien estaba detrás de todo aquello y que estaban haciendo exactamente. Decidieron esperar a que fuera de noche. La falta de luna llena, les ayudaría a pasar desapercibidos. Por suerte, Linda había llevado consigo una linterna de aceite que podría encender sólo en el momento que se encontrara cerca del riachuelo, así podría encontrar una piedra mágica fácilmente. Por lo tanto, ella se acercaría hasta el riachuelo mientras Travieso y Traviesa despistaban a los vigilantes y saboteaban algunas herramientas, si las había. Mientras esperaban, ellos dos irían a investigar un poco por los alrededores. Recomendaron a Linda que les esperara y descansara un rato. Por lo tanto, Linda esperó a que sus amigas le trajeran noticias y la poca luminosidad que quedaba del sol desapareciera del todo.

domingo 1 de febrero de 2009

El Negocio de un Remedio (III)

Mientras todos los miembros de la familia de las ardillas continuaban cantando alegremente, las dos jóvenes que encontraron a Linda, le quitaron rápidamente la capa para colgarla de una percha de madera, la cual era tan pequeña que quedó totalmente cubierta por la ella. Otra ardilla, que por su tamaño y timidez, debía ser aún de muy poca edad, le ofreció un pequeño cazo de agua, mas al ver que Linda no estaba aún muy centrada, otra ardilla cogió el cazo y le tiró el agua en la cara para despertarla. Esta ardilla no hizo esto para ofenderla, sino para que despertara y se uniera a la canción que todos cantaban. Pues la canción de bienvenida continuaba y mientras las ardillas peinaban a Linda, le repasaban su vestido, la saludaban con un movimiento de cabeza y cola, la observaban y muchas otras acciones, ella aún estaba dudando entre el sueño y la realidad. Tan desconcertada estaba, que no hizo nada cuando algunas de las ardillas comenzaron a moverla y hacerla bailar.

Sin darse cuenta, Linda se encontró sentada por el suelo, ya que vieron que las sillas eran muy pequeñas para ella, delante de su plato, cubiertos y de 50 pares de ojos mirándola. En realidad, las ardillas esperaban un agradecimiento por la recepción que le habían ofrecido, o alguna palabra. Poco a poco, al ver que Linda aún no reaccionaba, algunas de la más viejas comenzaron a murmurar sobre la mala educación de los jóvenes humanos, mientras otros pedían silencio, atendiendo todavía con emoción el agradecimiento. Finalmente, una vez que Linda asumió que lo que estaba viviendo era completamente verdad, se levantó de nuevo y cantó con una voz dulce y armoniosa una canción de agradecimiento. Como las ardillas la conocían, todas se le unieron y, otra vez, bailes y palmas y ardillas de un lado a otro fue la nota durante otro buen rato.

Una vez la canción hubo acabado comenzaron las presentaciones. Linda Corredeprisa, les contó quien era y donde vivía. Las ardillas conocían a su abuela, quien era una gran amiga de ellas. Los más viejos tenían tratos con ella desde hacía mucho tiempo. La abuela de Linda era respetada y querida y todos sus amigos y familia eran los bienvenidos para las ardillas. Por su parte, la familia de ardillas resultó ser los Cordillone. Eran muy conocidos en toda Piedralandia, pues ellos tenían bajo su protección la mayor cantidad de árboles de frutos secos de todo el país. Por lo tanto, era una familia rica. No obstante, no era esto lo que les hacía tan conocidos, sino que el resto de ricos de Piedralandia los tenía por locos, ya que no se preocupaban por aumentar sus beneficios, sino que se conformaban con lo que tenían, siendo precisamente esto lo que les hacía tan ricos. También eran conocidos porque la familia de los Cordillone siempre trataba a los árboles con mucho respeto. No utilizaban productos químicos para que éstos producieran más y solo usaban la ayuda de algunas piedras mágicas, aconsejadas por cierto por la abuela de Linda, para evitar malas cosechas. Siempre se preocupaban de los menos desfavorecidos, dando alimento a otras familias de ardillas con menos recursos. Si algún año había una muy buena recolecta, entonces enviaban lo que sobraba a otros países lejanos donde había gente que no tenía de comer. Por otra parte, preferían intercambiar los frutos secos por otros productos, como miel, leche, muebles de madera y demás cosas que necesitaban y no se los podían proporcionar ellos mismos.

Después de las presentaciones, comenzaron a comer. La mesa estaba servida y todos los alimentos estaban en el medio. Todo el mundo podía comer lo que quisiera y en la cantidad que le diera la gana. No había restricciones, ni para grandes ni para pequeños. Cada uno de ellos sabía lo que era mejor para su salud y sabían controlarse y no comer más de lo debido. A quien costó mucho controlarse fue a Linda, quien viendo todos los manjares que habían encima de la mesa, en un principio no supo por cual comenzar, pues todos tenían una pinta exquisita. Había de salados y dulces. Nueces con miel, crema de avellanas, confituras, pizzas vegetales, ensaladas con semillas por encima, pastel de nueces, arroz con leche y muchas más cosas. Todo esto acompañado de pan y una bebida de frutas un tanto espumosa que Linda reconoció como producto de su abuela. Entonces una de las ardillas le recordó que hacían tratos con su abuela y sino, como se explicaba que a ella nunca le faltaran nueces y avellanas.

Durante toda la comida, Linda no paró de probar una cosa y otra. Las ardillas, hablaban y reían. Cada una de ellas acababa de comer cuando quisiera, simplemente recogía su plato y cubiertos y los iba a limpiar. Entonces se sentaban de nuevo a mesa o se iban a su cuarto o cualquier otro lugar de la casa. Había otras que se levantaban y volvían más tarde para continuar comiendo. Todo el mundo gozaba de libertad para hacer lo que quisiera. Linda también gozaba de esa libertad y cuando alguna ardilla veía que ella dudaba de coger más pastel de nueces, entonces una de las ardillas que la rodeaba, le servía un buen trozo. Linda habló mucho con una ardilla mayor que se sentaba en frente de ella. Habaron de anéctodas e historias del bosque y Piedralandia. También hablaron mucho de su abuela. Linda ya conocía muchas historias sobre ella, pero esa noche supo mucho más. Nunca hubiera imaginado que su abuela fuera tan conocida y querida en el bosque e, incluso, en todo el país. Sin embargo, sus luchas para salvar la naturaleza y respetar los beneficios de las piedras mágicas, le habían acarreado muchos enemigos, pero los Cordillone estaban allí para ayudarla y defenderla, ya que ella lo hacía también por ellos.

La noche fue avanzado y, poco a poco, muchas de las ardillas fueron a dormir, leer o a hacer otras cosas en sus cuartos, sobretodo los jóvenes. Linda se quedó con alguans de las ardillas adultas, y entre ellas las más viejas, para seguir hablando. Se trasladaron a una sala de estar, donde se sentaron en confortables sofás hechos con lana de cabra. Tomaron unos pocos pastelitos y un digestivo de hierbas del bosque. Linda no comió pastelitos a pesar suya, pero había comido demasiado. No obstante, si tomó un pequeño vaso del digestivo, pues quería dormir bien ya que lo necesitaba. En aquella itimidad, Linda les habló de lo que sucedía a su abuela. Aquella noticia entristeció un poco el ambiente. Algunos entendieron entonces porque los tratos habían disminuido, pero todos entendían que la abuela ya había luchado mucho. La echarían de menos, tanto las ardillas, como la mayoría de animales y humanos de Piedralandia. Mientras tanto, Linda les continuó explicando el motivo de su viaje, que consistía en encontrar la piedra mágica que aliviaría los dolores de su abuela. Las ardillas allí presentes le ofrecieron su ayuda en lo que puedieran. De paso, le explicaron que en los últimos meses, había un grupo de sapos que tramaban algo cerca del riachuelo, por lo que le recomendaron prudencia. También le dijeron que las dos ardillas que la encontraron, la acompañarían hasta el río, pues ahora no tenían ninguna otra tarea que realizar y con esto querían ayudar a su abuela, quien era una amiga muy querida por ellos. Además, si todo iba bien y salían de buena hora, llegarían al río no muy avanzada la tarde, por lo que podrían estar de vuelta para la cena a la gran casa de los Cordillone. Linda agradeció su ofrecimiento ya que hacer el resto del viaje acompañada la llenaba de ilusión y alegría. Dicho esto, todos se fueron a dormir. A Linda le hicieron una cama con paja y sábanas de seda en uno de los comedores, pues eran las salas más grandes y allí podría estirarse todo lo larga que era, que para las ardillas era mucho. A pesar de que ya no hacía tanto frío por las noches, le dejaron la chimenea encendida con un último tronco para que durmiera tranquila y caliente. Finalmente, la capa no le serviría par mantener el calor, mas a pesar de ello, al día siguiente no olvidó de salir con ella.

sábado 31 de enero de 2009

El Negocio de un Remedio (II)

Así fue como Linda Corredeprisa tomó el camino dirección al riachuelo, cubierta de pies a cabezas con su capa de lana y una mochila con una botella de agua y unas galletas que hacía su abuela. No necesitaba ninguna otra comida a parte de esas galletas y, en realidad, no llevaba muchas con ella, pues aunque parecieran galletas normales, no lo eran. La receta de estas galletas llevaba un poco de una piedra mágica triturada, cuyos poderes eran de dar la fuerza y la resistencia necesarias, a una persona adulta, para todo un día de caminata por los terrenos más duros, con solo comer un poquito de ella. Por lo tanto, sabiendo que Linda era aún una niña ni grande ni pequeña, supondréis que con una galleta al día tendría más que suficiente. No obstante, aunque penséis que Linda podría estar contenta de tener ese manjar tan poderoso, ella no lo estaba tanto, ya que las galletas que hacía su abuela, fueran mágicas o no, estaban realmente buenísimas, por lo tanto, no poder comer más de una al día era una prueba muy dura para Linda, que sin embargo, debía resistir la tentación, pues si comía más de lo debido, podía provocarle un empacho de los peores.

El primer día de caminata por el bosque fue tranquilo para Linda. No sé cruzó con nadie, ni hombres ni animales. Como su abuela le dijo que no tuviera prisa, pues los dolores no le daban miedo, igualmente que su muerte, Linda paraba de vez en cuando para admirar flores tan bonitas, que era imposible no pararse y sonreir de alegría al verlas. Linda caminaba saltando y cantando, despreocupada porque no temía ir sola por el bosque. Además, la capa de su abuela la mantenía a salvo de seres indeseables. Aquellos que llevaran el mal consigo y quisieran hacer daño a Linda, nunca la verían mientras llevara puesta su capa.

LLegó la noche y, aunque Linda no tenía miedo y confiaba en la capa de su abuela, por ser la primera vez que no regresaba a casa para dormir y debería hacerlo en el bosque, creció un pequeño temor en ella. Por lo tanto, Linda decidió que, a pesar de saber que no corría peligro alguno y que no pasaría frío, buscaría un lugar donde poder resguardarse un poco mejor que debajo de un árbol. Primero pensó en subirse a un árbol, pero en aquella parte del bosque, los árboles eran muy altos y gruesos. Sus ramas más bajas quedaban a mucha altura para que Linda pudiera alcanzarlas. Por otra parte, para complicar aún más la cosa, sus troncos eran tan lisos que resbalaban. Cuando ya estaba dispuesta a arrebujarse debajo de unos arbustos bien cargados de hojas para pasar la noche, encontró un árbol cuyo tronco tenía un hueco. Se metió por el agujero, comprobando antes que no se tratara de la casa de cualquier otro animal. Mas al ver que el hueco parecía vacío y muy oscuro, se dijo que allí no vivía nadie y se dispuso a dormir más tranquila que nunca.

No obstante, Linda se equivocó y aquel agujero era una vivienda, más cayó en el olvido que los animales en Piedralandia eran igual o más emprendedores que los humanos y el hueco donde ella se había instalado era solo la entrada de una vivienda donde habitaba una família bastante numerosa de ardillas. No sabría deciros el número exacto, pero creo no equivocarme si os digo que había unas 50 ardillas viviendo en el tronco de aquel árbol, pues allí estaban los abuelos, los hijos de estos con sus parejas y los nietos también. Tíos, primos y hermanos. Padres e hijos, hijas y madres. Era una familia al completo que llevaba viviendo años y años en el mismo árbol. La casa iba des de lo más bajo del tronco, donde estaba el hueco que hacía de entrada, hasta casi lo más alto. Contaba con unas diez plantas. Las primeras eran las salas de jugo, salones y comedores. Luego venían las cocinas y aseos. Finalmente se encontraban las habitacines que ocupaban las cinco últimas plantas. Pero esto no es todo, pues encima de las habitaciones, habían creado una despensa bastante considerable para guardar una gran cantidad de alimento, sobretodo para pasar el invierno. Nueces, avellanas, piñas y semillas. Las ardillas también comían diferentes tipos de fruta fresca, pero la guardaban en la cocina, para comer el mismo día o al siguiente de recolectarla. En resumen, Linda había escogido la que era posiblemente la vivienda más habitada de todo el bosque. Mas tuvo suerte pues esa familia de ardillas era conocida por su gran hospitalidad.

Sin embargo, las ardillas no se hubieran dado cuenta de que Linda dormía en el rellano de la entrada de su vivienda, sino hubiera sido por dos jóvenes ardillas que llegaban un poco tarde para la cena. No penséis que la vieron, para nada la capa de la abuela de Linda hubiera permitido que alguien encontrara a la niña durminedo. Lo que pasó fue que cuando las ardillas entraron por el hueco, notaron que sus patitas no pisaban el tronco firme, sino algo suave. Las dos ardillas se miraron algo asustadas, pensando que era alguien que les tendía una trampa. Se quedaron quietas, sin mover ni una pestaña. Al ver que no sucedía nada, comenzaron a olisquear y manosear aquello que encontraban tan meloso. Finalmente, abrieron un poco la capa y al ver a Linda, cayeron enamorados de aquella niña tan bonita. Subieron rápido hasta los comedores, donde ya estaba toda la familia esperándolos para comenzar la cena, mas ellos hicieron caso omiso de los reproches de los demás, quienes deseaban dar un bocado de los suculentos platos que habían preparado entre todos, y haciendo hueco entre sus dos platos de madera aún vacíos, prepararon todo lo necesario para otra ardilla (o persona). El resto de la familia se miraron atónitos, pues no esperaban ningún invitado. No obstante, cuando vieron que las dos jóvenes ardillas, que ya habían bajado a la entrada para buscar a Linda, arrastraban a una niña muy bonita detrás de ellos, todos comenzaron a cantar alborozados para dar la bienvenida a su invitada. Mientras Linda, que aún estaba somnolienta, todavía no sabía si estaba soñando o todas aquellas ardillas que veía, un tanto borrosas a causa de sus ojos cansados, eran de verdad.

viernes 30 de enero de 2009

El Negocio de un Remedio (I)

Había una vez un país muy lejano donde los animales hablaban y eran inteligentes. Ese país se llamaba Piedralandia, pues allí todas las piedras eran mágicas y servían para hacer algo. Sin embargo, se debía tener cuidado, pues había algunas que podían hacer bien, pero había otras que causaban daños, a veces irreparables, a quienes las utilizaban. En ese país también había seres humanos, mas no eran ellos quienes dominaban a los otros animales, ni los otros animales dominaban los seres humanos, sino que todos vivían en paz los unos con los otros. No obstante, no penséis que era un país utópico donde todo el mundo vivía en libertad. Era un país parecido a cualquiera que vosotros conozcáis. Aunque fuera muy lejano, no por ello había escapado de la erosión del dinero. Las piedras mágicas eran el mayor negocio.

En Piedralandia había ciudades, pueblos y casitas perdidas en bosques grandes y magníficos. En uno de esos bosques, vivía una bonita niña junto a su abuelita. A Linda Corredeprisa, que era como se llamaba aquella niña, le gustaba mucho vivir en el bosque. Cuando no aprendía de su abuela los remedios más extraños que se podían hacer a partir de las piedras mágicas, iba a lugares secretos que solo ella conocía para cantar y saltar. A su abuela aquello no le preocupaba, pues sabía que en el bosque no había ni personas, ni animales que le pudieran causar ningún daño. No obstante, la abuela siempre le recordaba que no tocara ninguna piedra mágica, pues había algunas de muy peligrosas. De este consejo, Linda tomaba sumo cuidado, pues sabía que su abuela era una persona muy sabia y conocía el nombre y las cualidades de centenares de piedras de Piedralandia. Por lo tanto, entre estudios, cantos y juegos, los años pasaron tranquilos en la casita de madera donde vivía Linda junto a su abuela.

Un día, ni frío ni caluroso, la abuela de Linda enfermó. En Piedralandia era muy raro caer enfermo, pues no había ni virus, ni bacterias malignas ni nada que pudiera perjudicar la salud de animales y personas. Por lo tanto, cuando alguien caía enfermo era a causa de circunstancias casi inexplicables y de difícil curación. Sin embargo, la abuela de Linda sabía lo que le pasaba, era la vejez y los huesos comenzaban a disolverse poco a poco a causa del trabajo soportado durante muchos años. La abuela de Linda pasaba los cien años y había tenido una muy buena vida, por lo que no estaba triste y aceptaba su muerte como un último viaje en su vida. Así se lo hizo saber a Linda y a partir de entonces todos los días se llenaron de fiesta y felicidad para ellas.

A la semana de caer enferma, la abuela de Linda comenzó a sufrir dolores que, algunas veces, eran casi insoportables. Como podéis suponer, se dispuso a preparar una poción benefactora para sus huesos, pero al ir a buscar la piedra mágica que debía dar el toque final para su brebaje, se dio cuenta que no le quedaba ninguna en su almacén. Linda, al saber lo que pasaba, rápidamente se prestó voluntaria para ir a buscar alguna. Entonces, su abuela le contestó que en realidad era un piedra mágica que muy poca gente conocía, pues era muy rara y, sin embargo, servía para remedios muy cuotidianos. No obstante, ellas tenían suerte, ya que en el único lugar donde se podía encontrar la piedra mágica, que la abuela de Linda necesitaba, era en el cauce del riachuelo que atravesaba el bosque, donde vivían, montaña abajo para llegar hasta el valle. En aquel lugar, podría encontrar miles de ellas. Por lo tanto, la abuela explicó a Linda como era la piedra mágica que debía encontrar. Su tamaño, sus colores, según le tocaba el sol, cuando estaba en el agua o fuera, el brillo que emetía, su peso y su forma. Pues en Piedralandia, todas las piedras mágicas tenían unas características diferentes, pero estas características eran exactamente idénticas para las piedras mágicas con los mismo dones. Cuando Linda hubo memorizado cada uno de los datos sobre la piedra, entonces su abuela le explicó el camino para ir hasta el riachuelo del bosque. Era un camino de tres días. Necesitaría uno y medio para llegar hasta allí e igual para volver. Esto no amedrentó a Linda, quien tenía muchas ganas de ayudar a su abuela. Así que rápidamente se puso en camino. Antes de marcharse, su abuela le regaló una capa de lana que había hecho ella misma y que había raspado con una piedra mágica de la invisibilidad. Le dijo que se la pusiera todo el tiempo, pues durante el día no tendría calor y por la noche no tendría frío. Además, gracias a aquella capa, los pasos de Linda pasarían desapercibidos de ojos malignos y por la noche podría dormir tranquila pues nadie vería donde reposaba.

martes 27 de enero de 2009

Tiempos Difíciles

Las miradas son tan sombrías
y los recuerdos tan oscuros,
que solo hay el sol
que nos alumbre las mañanas.
Pues nosotros hemos perdido
ya toda esperanza,
ni siquiera sus rayos
iluminan nuevas salidas.

Mala suerte tenemos amigos
que la luna no sea llena
por esos caminos lejanos
en noches poco estrelladas.
Mala suerte tenemos amigos
que la vida sea tan difícil,
los terrenos ya no son llanos
y los peligros van incrementando.

Mas mirando al horizonte
se presenta otro mundo,
diferente a este que vivimos.

Allí las cosas viajan
para bien de cada uno,
con el respeto que se debe
a quienes le rodean.
Allí las cosas viajan
y todos son felices,
dentro de la sencillez
se plantan nuevas raíces.

Mas ese sueña está lejos
con objetivos demasiado caros,
la imagen se desvanece
y la cruda realidad vence.

viernes 23 de enero de 2009

Historia de un Barrio: El Edificio de la Imaginación

El Edificio de la Imaginación no es grande ni pequeño, físicamente. Podríamos considerarlo grande en proyectos, en associaciones y personas que participan, relaciones humanas y luchas contra la injusticia. Tampoco es ni nuevo ni viejo. El edificio en sí se construyo muchos años atrás desde que se pusiera la fuente que conocemos por sus sueños. Fue durante la creación de las primeras industrias textiles. Cuenta con más de un siglo y puede que la estructura sea vieja, mas durante mucho tiempo ha servido al servivio del capital y no hace mucho que pasó a mejores manos. Por eso es también nuevo, pues según me han explicado la okupación se produjo hará unos cinco años y desde entonces siempre amenazan con cerrarlo y dejarlo al libre albedrío o, más bien, a disposición de la especulación.

Desde que los primeros ocupantes entraron al Edificio de la Imaginación, el color ocre anaranjado de los tochos se ha transformado en un mural multicolor donde diferentes artistas han expresado su gratitud a un lugar donde las ideas surgen y se realizan. Grafistas, pintores, escritores, diseñadores de moda y un largo etc de personas no conocidas han llenado el mural. Gente que no quiere dinero y ofrece lo que hacen a cambio de respeto, a cambio de que la cultura se quede en la calle, de donde nunca tendría que haber salido. También han participado mujeres, hombres y niños y niñas. Limpiadores de limpieza, técnicos agricolas y parados. Todos tienen algo que agradecer a la imaginación que se desprende de cada habitación del edificio.

El edificio se encuentra en uno de los extremos de la Calle de la Esperanza y justo en frente de la Fuente de los Sueños. Es un edificio cuadrado con ventanas grandes, las cuales antes tenían barrotes de hierro, pero ya no queda ninguno y las ventanas andan siempre habiertas, menos en invierno, pues no hay calefacción. En verano hace mucho calor dentro, por eso las ventanas están bien abiertas. Cualquiera que pasara diría que no es el mejor lugar para hacer presentaciones, fiestas de apoyo, reuniones y debates. No obstante, los que utilizan la imaginación, siempre buscan soluciones y en verano, por ejemplo, se utiliza el patio central, que es amplio y también cuadrado, para hacer las reuniones y demás. Se trasladan mesas, sillas y lo que haga falta. Si una cosa sobra en ese edificio es la buena voluntad.

La primera vez que entré en él fue justo al llegar a la ciudad. Rápidamente me sentí agusto, pues era el lugar del barrio en donde se mueven las conciéncias y no existe la palabrería, sino que se actua con esfuerzo. No solo en la lucha social, sino en la transmisión de conocimientos a través de talleres y cursos disponibles para todo el mundo. Sin embargo, al poco mi tiempo se fue consumiendo en otros menesteres poco saludables, que solo hacían que enredarme y perderme en un laberinto de mentiras. Hasta llegar al punto de no preocuparme ni por nada ni por nadie. Yendo solo de mi casa al camello y de este a mi casa, donde mi antigua compañera de prisión me esperaba para seguir perdiendo el sentido pensando que eramos libres pues hacíamos lo que queríamos, cuando en realidad eramos más esclavos que nunca.

Tuve una segunda oportunidad y la supe aprovechar por dos razones. La primera es que algo se fue despertando poco a poco dentro de mi. Pequeñas experiencias anteriores, de alguien que había viajado, se despertaron de nuevo, abriendo las puertas a un cambio, junto con la inevitable verdad de que estaba engatusado por una brujería mal llamada amor. El amor puede que exista, mas a veces nos confundimos con su descripción y no sabemos encontrarlo donde verdaderamente está. La segunda razón es que he estado mejor acompañado que antes. Las personas de las que nos rodeamos son importantes. También lo es saber ser independiente y no dejar engañarse o decir a todo que sí porque se pinte bien. Mas esas personas no intentaban convencer, solo me presentaron las cosas y me ayudaron a levantarme del todo, pero a mi ritmo.

Han tenido que pasar unos meses desde que vivo en la Calle de la Esperanza, para que comienze a participar de eventos y actividades en el Edificio de la Imaginación. A ido poco a poco, pero es mejor así. Esto es lo importante. Imponerse metas para demostrar algo de lo que no eres capaz de hacer, es malo. Una persona adulta que durante lo largo de su vida ha dependido demasiado de los otros, sobretodo de padres demasiado protectores y educadores de vocación equivocada, no llegan al punto de saber donde están sus limites y aspiraciones. Por eso muy a menudo, la gente abarca más de lo que puede, causando repercusiones muy dañinas psicológicamente. Es importante haber aprendido a tomar una cierta dependencia en las decisionas propias.

Todas estas cosas las he ido aprendiendo a lo largo de mi vida. Aunque se hayan quedado ofuscadas por un tiempo, han sabido salir de nuevo. Es lo que me ha permitido saber entrar en su momento para aprovechar al máximo de este edificio donde cada persona ilumina una idea y una ilusión. El Edificio de la Imaginación es un centro de creación de cuentos para provocar un cambio en una sociedad enferma que se estanca en necesidades impuestas para el provecho de unos pocos.

martes 13 de enero de 2009

Las canciones que te escribo

Las canciones que te escribo
son el recuerdo de la mentira,
esa que a todos rodea
simplificando nuestro destino.

Mirando al cielo veo las hadas,
que gritan desesperadas,
viendo los niños de la calle
que viven sin nadie.
Mas nosotros aquí seguimos
desinformados, sin saber nada.
El mundo muere a nuestro lado
y el cobarde rehúye saberlo.

Un continente entero
no tiene donde caer muerto,
y todos los días viven
la pesadilla que los persigue.
Ni el pan, ni el arroz
ya nada los llena.
Ni lágrimas caen por sus mejillas
y la guerra los condena.

Las bombas silvan de nuevo
ese canto que habla de muerte.
La hipocresía está a su lado
y el dinero y el odio van ganando.
Más importantes son éstos
que las vidas que se apagan
de inocentes que se encuentran
en medio de algo que no entienden.

Es lástima enviar palabras
a oidos que no escuchan.
Las canciones que te escribo
son viejas y caducas.
¿Mas que lucha me queda
sino solo escribir estas letras?
Esperando que algún día
sea poesía que caiga del cielo
y no gritos de miedo.

Historia de un Barrio: La Vecina

La primera vez que la vi fue en la Plaza de la Revolución. De hecho era también la primera vez que me acercaba con el perro por allí. Des de entonces, la veía todas las mañanas y ella me sonreía tal como expliqué ya alguna vez. Yo iba a tomar el sol matutino para calentarme como los lagartos y ella iba a buscar su bicicleta, que dejaba siempre en la plaza por la noche, para ir a trabajar para una asociación, aunque entonces yo eso no lo sabía. Ya desdel primer momento sabía que era alguien a quien valía la pena conocer, es decir, alguien con quien intercambiar los momentos más alegres y más tristes que rodean el mundo de una persona. Con quien discutir sin perder el tiempo, tanto de vanidades como de cosas serias, si hay de esto último. Alguien que te va a criticar constructivamente si estás equivocado y aunque en un principio te enfades, será paciente y sabrá aceptar las disculpas. Bueno, no voy a decir que tuve todas estas impresiones desde el principio de los principios, pues sería falso y no intento escribir un relato de amor. No obstante, una mañana en la Plaza de la Revolución, como siempre, nos cruzamos y ese día no me sonrió, sino que se acercó para decirme que era vecina de mis allegados. Me dijo como se llamaba, nos dimos dos besos y me invitó a la fiesta de presentación de su asociación en el Edificio de la Imaginación.

Esa noche tenía previsto ir con mi novia, como siempre. Ella esperaba conciertos y juerga, pero leyendo las actividades, se dio cuenta que nos esperaba un documental sobre las verdades de una guerra en un lugar desconocido para ella, luego un debate y todo acompañado de comida y cerveza a precio libre para acabar con un concierto por parte de un grupo de voluntarios. Mi novia insistió en no ir, mas yo tenía ganas, pues estaba cansado de fiestas simples donde fumábamos y nos emborrachábamos junto a desconocidos y conocidos para olvidar lo horrible de la vida cuotidiana. Por una vez me ofrecían algo diferente a lo que hacía habitualmente. Además era algo que hacía tiempo había deseado y soñado junto a mi novia. Un mundo diferente, un inicio para el cambio de nuestras vidas. Salir del sistema, olvidarse del engaño y despedir la desidia de lo habitual. Ella no fue, pero yo si. Fue el principio del final. Fue cuando nos dimos cuenta que lo nuestro era mentira desdel inicio y aún así la relació todavía duró unos meses.

En la fiesta me encontré con mis allegados, gente con quien simpatizaba y con quienes había llevado alguna lucha social, pero los cuales vieron la depresión en mis ojos y no me dejaron de lado porque siempre ayudan a los perdidos, pero ya hacía tiempo que no charlaba con ellos. Esa noche me sentía bien y algo cambió definitivamente en mí. Encontré de nuevo el papel que malgasté en la Fuente de los Sueños y los árboles del Bosque de los Deseos por fin se acordaron de lo que una noche les hablé.

Esa noche no discutí mucho con la vecina, pues estaba atareada. Sin embargo, durante el resto de días, por las mañanas continuaron las sonrisas y, a veces, se sentaba un rato junto a mí, en el banco, para charlar mientras los perros se enamoraban. Coincidimos más a menudo en actos de información en el Edificio de la Imaginación y yo retomé junto a mis allegados alguna lucha olvidada. Ahora nuestra relación es más profunda. Ha hecho falta mucho tiempo para que yo me desquite de lo equivocado y ella también se ha metido en mentiras. Mas en un mes hemos pasado de ser vecinos a estar unidos. No somos novios ni lo pretendemos, solo estamos bien.

Ella es genial. No voy a perder el tiempo en ponerle adjetivos pues no sabría que decir. Simplemente es lo que necesito. No sé si estoy enamorado ni me importa, pues... ¿Qué es el amor? ¿Qué es estar enamorado? Son preguntas de las cuales pensaba tener la respuesta, pero un día me di cuenta que no. Ahora sinceramente, la respuesta no me interesa. Con la vecina estoy bien, estoy tranquilo y no pasamos más tiempo juntos que antes, solo que ese tiempo es más íntimo. No existen celos, no cambiamos nuestras vidas. Solo ha crecido el respeto mútuo y la libertad en la vida.

viernes 9 de enero de 2009

Historia de un Barrio: La Fuente de los Sueños

Una fuente de la que nunca bebe el perro, es de La Fuente de los Sueños. La conoce bien y sabe que algo mágico se desprende de ella. Más vale no turbar sus aguas con malos pesares y más vale estar bien consigo mismo, sino los sueños que se sueñan pueden transformarse en las pesadillas que se esconden entre los más reconditos miedos de nuestro interior y cuando menos las esperamos salen para recordarnos quienes somos.

La Fuente de los sueños se encuentra en una pequeñita plaza que antes estaba llena de árboles y tierra, pero ahora la han llenado de cemento y la han embaldosado con baldosas grises y monótonas. Decían que los árboles quitaban luminosidad a la calle, mas ahora el sol nos deslumbra y en verano no tenemos la sombra de los árboles y los bancos para tomar un reposo. Solo nos queda la Plaza de la Revolución. Precisamente la fuente se encuentra a la otra punta de ésta, es decir, se debe caminar la Calle de la Esperanza de punta a punta para ir de la fuente a la plaza. No obstante, es un placer y, además, ahora vivo justo en la mitad. El camino para ir de un sitio a otro se me ha hecho más llevadero y pácifico. He dejado atrás la Calle del Destierro y por la Calle de la Amargura ya no paso nunca. En definitiva, ahora paso la mayor parte del tiempo en Esperanza, pues en frente de la fuente se encuentra el Edificio de la Imaginación, cuyas puertas antes no atravesaba nunca, pero ahora voy más a menudo. Y como he dicho antes, al otro lado de la calle, sigo visitando la Plaza de la Revolución para pasearme con el perro y escribir pensamientos.

La Fuente de los sueños es sencilla y sin ornamentos. Una fuente antigua, que data del siglo XVIII. Hay una columna, que parece representar un árbol sin hojas, que se eleva al cielo a no más de tres metros y el agua sale por un pequeño agujero para caer sin salpicar en una bacina de forma oval y no muy profunda, la cual siempre está llena, por lo que el agua cae en una cascada semicircular y dulce hasta la plataforma de la fuente, la cual tampoco es muy profunda y contiene el resto del agua. Una agua clara y límpia pues nadie, ni siquiera los más jetas, se atreven a ensuciarlas con contaminación humana.

En invierno la fuente no funciona, para evitar que el agua se congele y rompa las cañerías, pues son viejas como ella. En esos momentos la Fuente de los Sueños parece un ser sin vida. Algo que espera eternamente a que le indiquen su destino, pero cuando lo conoce no le gusta y lo desecha. Hay gente que dice que es en ese periodo del año cuando la fuente es más rara. En verdad, hay una especie de hálito invisible que te endormeze y si no vas con cuidado te atrae hasta que entras en su dominio y entonces, por arte de magia, se pone en funcionamiento y te baña. Algunos dicen que hubo un hombre viejo y solitario que se dejó vencer por la fuente, quien le regó con sus aguas y dicen que aquel hombre se transformó en uno de los árboles que antes la acompañaban. De hecho, se dice que los árboles eran gente, hombres soitarios en su mayoría, los enamorados de la fuente. Puede que éstos consiguieran su sueño. También se dice que desde que cortaron los árboles, la fuente parece triste y el agua no parece agua, sino lágrimas espesas.

Nunca he hecho caso de las habladurías, más la magia existe y se debe tener cuidado al jugar con ella. Es por eso que siempre me arrepiento del día que jugué junto a mi novia al lado de la fuente y hicimos el ritual del papel, el cual consiste en escribir sus sueños en un papel y tirarlo a la bacina. Los sueños se cumplirán si el papel flota y cae por la cascada para disolverse en el tiempo con el agua de la plataforma. El papel no cayó y nosotros reimos como tontos. Sin embargo, igual que con los deseos en el Bosque de los Deseos, se debe tener cuidado con lo que se sueña y más aún saber si realmente se sueña con algo, antes de pedir algo a la Fuente de los Sueños.

Una noche de insomnio fui a mirar las aguas de la Fuente de los Sueños junto al perro. Iba a menudo, durante el día, pero más por la nohce. Era primavera y el agua caía alborotada. Esa noche me encontré con una sorpresa bonita. Allí con aire distraida estaba la Vecina. Ya entonces, como ahora, tenía confianza con ella, pues la conocía de antes, de vista, y era vecina de mis allegados y de los abuelos y el cantante de la Revolución. Incluso, desde hacía un tiempo, también era vecina mía. Por eso, cuando vi que venía de hacer el ritual, le dije que se debía tener cuidado. Ella sonrío y contestó que lo sabía, pues una vez soñó equivocadamente, pero esta vez el sueño se había cumplido y rápidamente. La sonrisa que me dedicó fue la más sincera que había recibido nunca. Ni siquiera mi madre pudo sonreirme igual al darme a luz, ya que me quitaron de sus brazos prematuramente para limpiarme creando mi primer trauma en vida, igual que a tantos recién nacidos, privádolos del amor y el calor de sus madres. Entonces, sobraron las palabras, su perra y mi perro ya se habían marchado para dejarnos solos y la calle calló por un segundo y delante de la Fuente de los Sueños nos dimos un primer beso, tanto tiempo esperado, y ésta dejó de llorar para siempre, recordando uno por uno los amores que le habían robado, pudiendo ver por primera vez lo que siempre había soñado, una pareja que soñaba en sueños de mundos más sanos.

lunes 5 de enero de 2009

Historia de un Barrio: El Perro

Ni es mío ni pertenece a nadie, solo vive conmigo, duerme a mi lado, por el suelo o encima de una sudadera vieja, pues lo prefiere a la cama. Es negro de tamaño normal, esbelto y atlético. No tiene nombre, o si lo tiene no lo conozco. Yo lo llamo amigo y lo quiero como al mejor de ellos. No soy su dueño ni lo pretendo. No lo llevo nunca atado, ni con bozal ni nada, pues ya se resguarda del frío con sus pelos y es menos peligroso que algunas de las personas que viven en el barrio. Tiene una cabeza de lobo y siempre da miedo a las mamás, pero él no se interesa por los pequeños, solo odia la mentira y la policía. Su mirada es fija y siempre es el humano quien baja los ojos si sus miradas se cruzan. Es inteligente, pícaro y cariñoso. Si es feliz me sonríe y si necesita amor no duda en pedirlo, pone su cabeza entre mis manos y luego se sienta delante, con la cabeza alta y la mirada al infinito guardando el terreno, defendiendome del barrio, de los peligros. El los huele de lejos, tiene buen sentido del olfato y sabe que la sociedad está podrida. Fue solitario lo más que pudo y eligió al mejor compañero que encontró para no ser presa de las ataduras y andar libre. Un día me susurró que antes vivía tranquilo en la montaña, cazando buenos manjares y bebiendo de agua limpia. Su madre una loba y su padre un husky siberiano. Mas ahora se les llama perros salvajes y se les encierra y se los mata, pues se dice que son peligrosos, mas es el ser humano quien les ha robado terreno. Por eso bajó a la ciudad y me encontró.

Lo conocí un día cualquiera antes de que yo viviera en las otras calles del barrio, una de esas donde la vida continúa con la felicidad efímera que desborda en las grandes ciudades. Antes de que conociera a mi novia que ya no lo es. De que me uniera a gente con ganas de cambiar las cosas o que mi vida se viera involucrada en la mayor de las mentiras jamás contada. Era joven, con ganas de viajar, fumar y la política me resbalaba pensando que era mierda, algo de lo que estaba equivocado, pues la vida es política y las relaciones humanas se basan mucho en ella. La sociedad se mueve por sus caminos y se debe practicar para decir que no al mundo que nos rodea, pero de forma diferente, de forma sana.

Yo iba de camino a la salido de la ciudad. Me disponía a hacer autostop para comenzar otro de mis viajes en solitario y poder olvidar la depresión que insistía en colgarse de mi espalda y no abandornarme. No tenía destino ni determinación. Solo quería que alguien me cogiera y me llevara al puente más alto que existiera para mirar abajo y descubrir que era un cobarde hasta para poner fin a una pesadilla. Pasada la hora sin que nadie me cogiera, miré atrás hastiado y descubrí la posible dificultad de mi mala suerte. Un perro con cara de lobo y ojos marrones penetrantes estaba sentado no lejos de mi mochila de viaje. Ya había comido la mitad de mi bocadillo que sobresalía de una bolsa de plástico de usar y tirar, pero de las cuales yo me sirvo hasta que se deshacen del uso. Le di la otra mitad. Luego viendo que se iba a convertir en mi alma durante el resto de su vida, o la mía, decidí dirigirme a una tienda para gastarme el último dinero que me había dado mi padre en una buena causa. Compré una tienda de campaña que aún conservo. Una buena, no las baratijas que se estropean al segundo viaje. Ni grande ni pequeña, pero segura contra la lluvia y el viento.

Fue un viaje de seis meses más o menos. Fue un viaje del cual no contaré nada, pues no es esta su historia, puede que otra vez. No fue de ida y vuelta y no hubo ni salida ni retorno. Vagué por diferentes lugares, sin pedir la hora. Solo pan y agua para mí y mi compañero y muchas veces obtuve más que eso. Fue un viaje donde aprendí que la gente es buena cuando se habla con ella. Cuando se le pregunta desde la sinceridad, cuando se le habla sin tapujos. Aprendí que sabemos ayudarnos, que todos estamos hartos pero nos tienen atados. Aprendí que la sociedad está depresiva pero solo necesita una chispa para explotar y cambiar. Entonces mi viaje llegó al final y no hubo vuelta, como ya he dicho, sino que comenzó otro diferente que completó los seis meses.

Durante todo ese tiempo el perro fue mi protector y yo el suyo, compartimos saco y penas, lluvia y sol. Dormimos en bosques y en ciudades, con la tienda y la mochila siempre a cuestas. Tanto en las suyas como en las mías, pues el arrastraba un pequeño carromato que robamos para ayudarme en la pesada tarea. Ahora vivimos juntos e inseparables. Los viajes son más cortos y no pasamos las fronteras del barrio que para ir al Bosque de los Deseos. Su plaza preferida es la aquella de la Revolución, donde está su mejor amiga, la compañera de la vecina. Su mejor conversador es el abuelo con quien se mira y se entiende, son dos viejos sabuesos. El humano riega las plantas y el perro las abona. Hace poco pasó conmigo la más dura prueba de la última etapa de mi vida. No se alejó y me dio ánimos y fuerzas. Sabe como yo que entre mis allegados, en la Calle de la Esperanza, nuestra libertad, que día a día conquistamos, se ampliará sobremanera.

Las historias del barrio que os cuento son vividas por dos protagonistas, el perro y el humano, dos animales que viven para sobrevivir, que mueren cuando les toca y que son esclavos de unos pocos que se aprovechan de los demás. Sin embargo, nosotros ya salimos y ahora dimos el paso final y el Destierro quedó atrás y las malas historias y las peores pesadillas se comienzan a disipar en el tiempo. Ya nos instalamos poco a poco entre la Esperanza y las otras calles han quedado de lado.

martes 30 de diciembre de 2008

Algo que valía la pena (tercera parte y final)

Todo comenzó con Pablo, quien llevaba postrado en la cama durante casi una decena de años y solo podía salir a la calle gracias a un voluntario que iba a su casa, para trasladarlo de su cama a otra que tenía un motor y se desplazaba gracias a una palanca que él movía con la boca. Para la izquierda aumentaba la velocidad, para la derecha la disminuía hasta frenar. Nuestra protagonista le tenía devoción, pues era una persona muy inteligente, que había estudiado derecho desde casa y resultaba ser una ayuda excelente para las personas que decidían morir dignamente y decidían luchar contra el estado de derecho. Un día no se presentó a una de las reuniones mensuales que hacían para hablar sobre los nuevos casos del estado e internacionales de gente que luchaba por legalizar la eutanasia. Alguien les dijo al resto que había decidido morir, por lo que se le había ayudado. Pablo decidió hacerlo todo en secreto, sin decir nada a nadie para no poner en problemas a la persona que lo había ayudado ante la justicia. Nunca había hecho su caso público pues consideraba que la mejor lucha era morir dignamente si se deseaba, que hubiera muchísima gente que lo hiciera, que se suicidara con o sin ayuda, para que el gobierno se diera cuenta que era un derecho incuestionable. A pesar de ello, de sus ideas, él había siempre ayudado a aquellos que querían hacerlo legalmente. Esto aumentó aún más la estima que ella sentía por Pablo. Valiente hasta la muerte, ya había hecho todo lo que deseaba en vida y no tenía más ganas de existir.

Poco a poco la idea se fue formando en su cabeza. Desde que encontró a la gente que luchaba por la eutanasia, nadie la convenció de que era lo mejor para la gente en su situación, solamente le pidieron respeto y ella se encontró entre un grupo de gente con la que se sentía bien. En realidad, la eutanasia era un tema secundario en sus vidas. Existía y se defendía, era su lucha, era el derecho que querían retomar. Un derecho natural. No obstante, la mayoría de veces se reunían en grupo o entre lo más allegados para pasear, tomar algo o simplemente intercambiar dos buenos libros. Por otra parte, a ella le gustaba participar de las reuniones, se involucró en la lucha y en algunos momentos fue ella quien consoló a algún compañero. Finalmente, el caso de Pablo la convenció de que su vida ya estaba llena. Estaba cansada de vivir dependiendo de los otros, que nadie la entendiera y aunque ya no se odiaba a si misma, no se encontraba bien. Había aceptado que tuvo mala suerte, que su destino fue nacer con una parálisis cerebral severa. Ya no quería ser como los demás.

Continuó yendo al restaurante todos los sábados y el rayo de sol le tocaba todavía la cara (sus fantasías eran lo único que le alegraban el día). Contaba cuentos a los niños que quiso tener antes de dormir y ya no lloraba ni veía a su amiga. Solamente deseaba coger las fuerzas necesarias para dar el paso. Ella no necesitaba ayuda pues tenía la suficiente fuerza en las manos como para cortarse las venas si quería. Ni siquiera sus movimientos bruscos con los brazos le imposibilitarían la tarea. Mas no conseguía hacerlo, no porque aún se agarrara a la vida en el mundo, pues éste no podía ofrecerle más que humillación y odio. Sin embargo, era difícil. Finalmente pidió ayuda al grupo, quienes le ofrecieron su amor. Su caso tampoco se hizo público por decisión suya. No tenía fuerzas ni ganas para luchar contra algo que la sobrepasaba, solo quería poner fin a su vida esclavizada en una silla de ruedas. Poner fin a esas sonrisas falsas que se cruzaba por la calle. Solo quería continuar viendo sus nubes que le hablaban y perros de colores que le lamieran las manos y le dieran abrazos. Quería morir. El resto del grupo le dio sus bendiciones y le sonrieron. Fueron sonrisas llenas de amor que sirvieron para que ella cogiera valor.

El día que se suicidó estuvo acompañada de su amiga. Quería hacerlo en las montañas, pues pretendía dar a la tierra el cuerpo que le había prestado. No odiaba a la naturaleza, solamente quería devolver algo que había fallado. Puede que por culpa del propio ser humano. Cuando su madre dio a luz de ella, no tuvo que pasar lo que había pasado. Nunca tuvo que nacer con vida. La medicina moderna la había esclavizado. Ahora estaba lejos de la ciudad, lejos del hospital y el ruido. Lejos de las salas donde tantas veces había perdido el tiempo con gente pobre de alegría. Lejos de las sonrisas de sus vecinos y del pollo, las patatas fritas y la ensalada de los sábados. Dio las instrucciones oportunas a su amiga para que no se encontrara en un atolladero por no evitar un suicidio. No dudó un instante en cruzar las venas con el cuchillo y regar el suelo fértil con su sangre.

Yo estuve allí pues yo era su amiga y es verdad que antes solo la veía porque mi vida era tan simple y sucia que me hacía bien ver a alguien que no salía de un agujero más profundo que el mío. No obstante, ella me dio una lección de valentía y tengo que decir que desde aquel día fui más feliz. Hoy yo tomo la misma determinación que ella. Mi vida no tiene sentido y esta sociedad está podrida. Solo hago que consumir, comer, trabajar para otro y contaminar el planeta que no lo merece. Hoy estoy en la montaña, en el mismo lugar que ella. Su cuerpo fue encontrado por unos excursionistas al día siguiente. La quemamos y yo esparcí sus cenizas en este mismo lugar en el cual me encuentro, tal como me pidió por si la encontraban. Fue otro caso de eutanasia. La policía intentó buscar a la persona que le había ayudado a subir hasta aquel lugar, pues sin coche y sin alguien que la levantara no podría haber llegado (no tenía su silla de ruedas y había otra persona que nos ayudó del cual no diré nada por respeto). Espero que el mío no lo vea nadie y vuelva de donde nunca habría tenido que salir. El suicidio y la eutanasia son dos cosas que van de la mano pues tienen el mismo valor humano. Desde el día que aprendí a no tener miedo a la muerte, fue cuando comencé a ser feliz. Más vale morir dignamente que a vivir arrastrándose. Espero que cuando mi último aliento me abandone, ese rayo de luz luchador también me roce las mejillas.

domingo 28 de diciembre de 2008

Algo que valía la pena (segunda parte)

Siempre iba sola al restaurante, pues no tenía amigos aunque, como dije anteriormente, todos la conocieran. No obstante, alguien si que la entendía y, a veces, la acompañaba a comer. Era posiblemente su única amiga o, por lo menos, la única que tenía la fuerza y la paciencia de platicar con ella. Su amiga era la persona que lloraba a su lado, le daba fuerzas y ánimos para continuar, para pensar que la vida valía la pena. Le ayudaba a encontrar actividades, mas todas se realizaban con otros discapacitados, gente como ella, es decir, gente que no se podía valer por si misma. En esos momentos, las miradas estaban rayadas, no existía la ternura y todo era falso. Pronto dejó de ir con gente igual que ella, pues no la llenaban, vivían en una mentira de la que ella salía. Pronto las noches de lágrimas aumentaron a solas, o acompañada de su amiga, alguien de bien. Ella se odiaba.

Mas un día alguien se cruzó en su camino y le explicó que no todo lo que se escribe es verdad ni la muerte es tan mala como la pintan. Entonces descubrió un mundo maravilloso que luchaba por algo justo. Rápidamente habló del tema con su amiga, quien intentó convencerla de lo falso del objetivo, más por celos que por convicción, ya que tenía miedo de perder su compañera, ya que ella estaba más necesitada aún que nuestra protagonista, quien aunque sufriera de una minusvalía múltiple, que a penas le permitía de mover un poco sus brazos, manos y cabeza, no era para nada alguien ingenua, a quien se le pudiera engañar fácilmente, por lo que sabía que su amiga estaba en un estado de depresión todavía más terrible que el suyo y era esta la única razón por la que seguían viéndose, pues a ella le hacía bien ver a alguien en peor estado físico. De todas formas al principio la hizo caso y se olvidó de su salvación por respeto y porque se convencía a si misma que ir todos los sábados al restaurante la convertía en alguien normal. No obstante, al poco tiempo se dio cuenta que seguía hundida en el odio a su propia persona. Sentimiento que no le permitía encontrar un camino de salvación. Mientras las actividades pasaban por su amarga vida, una tras otra, acciones sin sentido. Y la gente la sonreía sin saber que la humillaban. Ella se odiaba.

Finalmente se acercó de nuevo a la persona que encontró un día. Sabía donde se encontraba y él y otra gente, que llevaban la misma lucha, la recibieron con brazos abiertos y le prometieron ayuda. Ya desde un principio con sus energías de vida la ayudaron mucho. Incluso si dentro de su nuevo círculo de amistades (amistades de verdad, de los que están allí hasta cuando no se les necesita y te sonríen con respeto) la mayoría eran discapacitados como ella, éstos eran gente de una humanidad profunda y de una sapiencia para nada desdeñable. Gente que había aceptado que eran diferentes, que eran dependientes y, por lo tanto, ya no se odiaban por hacer sentir mal a las personas "normales", pues no era su problema, sino el de ellos. Su discurso no era monótono ni intentaba convencer de nada, solamente pedía un derecho innegable a cada uno de los seres humanos que algunas personas se habían encargado de robarlo (como tantos otros derechos) escudándose en una ética retórica fabricada para uso y beneficio de un sistema cruel e inhumano. Junto a ellos se encontraban gente "normal" que, a diferencia de las otras actividades, no estaban allí para ayudarles a comer o enseñarles a hacer manualidades simplonas, sino que se encontraban a su nivel, apoyando y reivindicando su discurso, no imponiendo otro. Les ayudaban administrativamente, judicialmente, moralmente y se apartaban de lo físico mas que para dar abrazos y besos. Para celebrar las victorias que poco a poco iban consiguiendo. Por primera vez encontró algo en la vida que valía la pena. Decidió meterse de lleno en la lucha. Ella ya no se odiaba.

sábado 27 de diciembre de 2008

Algo que valía la pena (primera parte)

Tenía como tradición ir todos los sábados a comer pechugas de pollo a la plancha con un poco de ensalada y patatas fritas a un restaurante tradicional del centro de la pequeña ciudad donde vivía. Una mujer anciana regando las flores de su balcón de hierro forjado de una de las viejas casas del casco antiguo, un acordeonista tocando Edith Piaf con unas cuantas monedas en su gorra (ella siempre le echaba unos céntimos pues la diva era su ejemplo a seguir), la cervecería de la esquina con la terraza a rebosar de gente que toma el aperitivo, el panadero echando la persiana con aire cansado de haber madrugado. Todas estas eran pequeñas y normales escenas cotidianas que la hacían vivir y le hacían sentirse alguien. Como también pararse un momento junto al árbol centenario que hay en medio de la plaza, donde se encuentra el restaurante, el único que quedó cuando la encementaron. Allí al mediodía, si hacía bueno (y normalmente los sábados que ella iba al restaurante hacía bueno pues su estado de salud no la permitía salir cuando llovía), una brisa refrescante bajaba del cielo azul y por un momento un rayo de sol conseguía esquivar el laberinto de tejados para dar justo sobre su cara, la cual ella inclinaba levemente hacía arriba con los ojos cerrados para imaginarse como las nubes formaban figuras que le hablaban. Era su momento de irrealidad mágica.

Ella saludaba a todo el mundo pues todos la conocían y todos la sonreían, aunque nadie le dirigiera nunca la palabra, pues todos tenían miedo de que ella se sintiera avergonzada, ya que no podía hablar bien a causa de su parálisis facial. Aunque conversar con ellos fuera lo que a ella más le apeteciera en el mundo y se odiaba por hacer sentir mal a la gente. De todas formas, no dejaba que esto le ofuscara su visita semanal al restaurante y les sonreía como mejor podía, parando un momento su silla a ruedas motorizada para saludarles y preguntarles por su salud, esposa o marido o solamente para decirles que aquel día era maravilloso (otro de sus momentos de lucidez espiritual). Ellos le respondían cualquier cosa que no tenía que ver con su pregunta o simplemente decían "Si... si" moviendo la cabeza y sonriendo. Ella se odiaba.

Llegado al restaurante, ella ya tenía su lugar reservado. Llamaba una hora antes para hacerlo, pues solo había una mesa adecuada para ella. Esta era un poco más alta de lo normal para que los posabrazos de su silla pudieran meterse debajo y así acercarse lo suficiente al borde de la mesa para poder agarrar por ella misma todos los utensilios y poder comer sola, sin ayuda. Otra cosa por la cual se odiaba, ya que le gustaría ir a cualquier otro sitio. No es que fuera todos los sábados al mismo restaurante por gusto. Por gusto y por hacer lo mismo que las personas "normales", y así sentirse mejor consigo misma, iba al restaurante para comer una vez por semana. Mas cada vez que iba a cualquier otro sitio era una aventura y ella causaba molestias a otros clientes y a los trabajadores, que se esforzaban siempre con simpatía falsa por encontrar la mejor forma de colocarla para poder servirla. Todos le decían que no era una molestia, sino un placer, algo normal hacer sentirse bien a alguien de su condición. No obstante, ella se sentía fatal, mal dentro de su piel y ellos le sonreían y no entendían lo que pedía y, entonces, debía señalarlo en la carta. Tampoco es que pidiera siempre pollo a la plancha por gusto, solamente estaba obligada, pues su estómago no estaba bien formado para comer según que cosas y la pechuga de pollo era lo bastante duro como para que ella lo pudiera pinchar bien con su tenedor y que no se cayera el trozo durante el trayecto del plato a su boca. Sin embargo, para cortarlo en pedazos, era otra historia, para ello era una camarera, siempre la misma pues los otros se sentían incapaces de dirigirse a una persona discapacitada por la misma razón que los vecinos del barrio, quien se lo cortaba con paciencia y amor. Más de una vez ella le había pedido que lo cortaran en cocina, para no hacerlo delante de todos los clientes, pero la sirvienta o lo olvidaba o no la entendía. Ella se odiaba.

sábado 20 de diciembre de 2008

Historia de un Barrio: El Bosque de los Deseos

Para llegar al Bosque de los Deseos se debe pasar por la Esquina del Desasosiego y luego atravesar el puente que cruza el Río del Destino. No es un trecho muy largo, de hecho se hace en apenas veinte minutos, pero muy poca gente va, pues nadie tiene tiempo. Solo los fines de semana se llena de familias. Los padres y las madres de éstas trabajan para tener dinero y así, por ejemplo, poder viajar, pero luego están tan cansados y tan faltos de ideas que solo se les ocurre visitar el bosque de al lado del barrio, que aunque sea magnífico, es lo mismo una y otra vez. Además, en el Bosque de los Deseos, las ilusiones se confunden, la alegría es efímera y los proyectos se queman en la hoguera de las disputas conyugales. Por otra parte, tanto trabajo y tanto dinero solo sirven para enriquecer al que tiene y pagar al estado por servicios que nunca se aprovechan, mientras los hijos se ven encerrados entre paredes llenas de aburrimiento. Estas famílias que visitan el bosque durante los fines de semana saben estos problemas, pero los aceptan como sirvientes de algo que saben que existe pero no saben quien lo controla.

El bosque está formado por todo tipo de árboles y antes era más grande y se cuenta que allí vivían elfos y sátiros, pero ahora apenas quedan flores y plantas y los árboles muchos son nuevos y no explican historias de aquel entonces. No obstante, quedan algunos de los árboles ancianos, que son centenarios y nadie sabe cuando y como fueron plantados. Estos árboles son hermosos pero peligrosos, pues el Bosque de los Deseos es peligroso para quien lleva el mal o la ingenuidad consigo mismo. Estos árboles han visto y oído de todo, historias que se conocen y otras que no.

Allí iba antes frecuentemente con mi novia, para pasear con el perro y desear lo imposible. Allí hicimos el amor bajo las copas de los árboles y deseamos hacerlo siempre en el mismo lugar, aunque el deseo se letargó y por eso mismo hay que tener cuidado en el bosque, pues no siempre se desea lo que se quiere o, la mayor parte del tiempo, se desea para complacer pero se piensa en algo distinto. Yo estoy convencido que deseé hacer el amor con mi novia allí todas las noches, pero no la voy a acusar, porque precisamente eramos unos ingenuos y pensábamos comernos el mundo, pero fue él quien nos comió a nosotros. De nada sirvió escribir nuestros sueños en un papel y depositamos en la Fuente de los Sueños, ya que éstos nunca se han hecho realida. Además, cuando fuimos a ese lugar eramos igualmente ingenuos y nada bueno salió de allí.

Nunca más hicimos el amor en aquel bosque y los árboles ya han olvidado como es mi novia. Yo sigo visitádolo de vez en cuando, recordando tiempos mejores, deseando lo indeseable, pues sigo siendo un soñador y creo en un mundo mejor.Por otra parte, ya no soy tan ingenuo y, aunque sigo reposándo mi espalda contra el tronco de un viejo árbol para escribir mientras olvido lo que escribo fumando la mentira, ya sé como se debe jugar con los deseos y ya sé que éstos no llegan por arte de magia, sino que se debe luchar, trabajar por uno mismo y por los demás, con respeto y con ganas. En el Bosque de los Deseos fumé mi último porro y ya no he vuelto a comprar ni he vuelto a visitar la Plaza de la Mentira aunque mi piso quede al lado.

A veces vuelvo bajo el árbol donde prometí amor eterno a mi novia sin saber que la estaba engañando y ella a mí. Pienso en lo mucho que ha pasado y en lo poco, pues muchas son las discusiones, los malos humores, insultos, desengaños y mucho es el dolor que ha habido en tan poco tiempo que llevamos juntos, si puedo decir que seguimos juntos ya que hace más de una semana que no pasa por casa y la mitad de sus cosas ya no están ni van a volver aunque ahora se encuentren en un lugar peor. A veces vuelvo allí para intentar explicarme como en apenas un año y medio los objetivos han desaparecido y la depresión se ha adueñado de nosotros. Como los deseos se trastocaron en nada y las hierbas siguen marchitádose bajo las mantas de tantas parejas de enamorados que se engañan en una noche de lujuria. A veces vuelvo allí y lloro pues no puedo evitarlo y pienso que he perdido tanto y tan poco y deseo volver atrás, pero lo hago con cuidado, pues los deseos normalmente son peligrosos.

Una vez que volví allí me encontré con un viejo en el mismo lugar y me dijo que una vez deseó un amor eterno. Lo obtuvo, pero no con la mujer con quien hizo el amor en aquel lugar, sino con sus ideas y con la vida que llevó por delante desde aquel día.

lunes 15 de diciembre de 2008

Historia de un Barrio: El Armero

El armero siempre ha sido un hombre despiadado pero que consigue resultados de forma asombrosa. Ya cuando vivía en la Calle de la Esperanza había a quien no gustaba sus métodos, pero el lograba cambiar algo, poco a poco y, a veces, de forma un tanto deshonesta, pero lograba alcanzar metas.

Ahora es un hombre de negocios, vendido al consumo y él es el máximo exponente. Especulación, robo con guante blanco e hipocresía son sus máximas. Su viaje por el Destierro es una leyenda conocida en todo el barrio, aunque no la peor de ellas. Ya en ese tiempo sabía lo que se hacía y no tuvo dudas cuando pasó al lado opuesto, pues le guiaba el odio, y también el amor pero sus sentimientos se veían exaltados por los celos, uno de los peores comportamientos del ser humano.

Ya desde adolescente el armero era alguien conocido, sabía moverse y era de palabra fácil. Mas con la mujeres no sabía como relacionarse. Su debilidad era su fealdad, que unido a una timideza estacionaria y el ser monotemático, pues lo único que le interesaba eran los entresijos de un mundo podrido, no le ayudaban en nada. Rápidamente cayó enamorado de la Loca, que por aquel entonces era muy cuerda y vivía también en la Calle de la Esperanza, pues su padre y su madre eran unos resistentes natos. La Loca no era muy agraciada tampoco, siempre se la recuerda como algo rechoncha y baja, como su padre. Sin embargo, era adorable y sabía escuchar a las personas, incluso el armero se habría ante ella y esto le dio confianza pero se equivocó y cuando la Loca se lo hizo saber, su odio pudo más que el amor y creció poco a poco hasta que no pudo quedarse dentro de su cuerpo y desbordó y todo cambió a su alrededor, los otros ya no querían más de él y el armero comenzó su camino por el Destierro.

Un día siguió a la Loca que se iba con un chico hasta el Bosque de los Deseos. Iban cogidos de la mano y de vez en cuando se paraban para, medio escondidos pero sin importar que les vieran, darse besos y abrazarse. El armero no lo pudo soportar, pero continuaba espiádolos sin entender como ella podía venderse a un viajero que iba y venía sin hacer nada por nadie. Mas que equivocado estaba y que poco escuchaba a la gente en esos días el armero, igual que hoy en día de hecho, pues ese chico extranjero era alguien que hacía tanto o más que él, pero no se hacía notar, pues no era orgulloso, por eso la Loca lo eligió y decidió entregarle todo y más aún aquello que tanto deseaba el armero y éste no pudo soportarlo cuando los vio haciendo el amor bajo las estrellas, entre los árboles del deseo. Entonces estalló algo en él, el vaso se desbordó y el viaje por el Destierro finalizó.

Se dice que fue a hablar con el padre de la Loca, que aunque era abierto para todo, era muy celoso de que su hija fuera con cualquiera, es decir, abierto para el resto pero cerrado en su familia. Con las palabras falsas que le untó el armero en sus oidos, fue junto a él al Bosque de los Deseos, donde pudo comprobar que su hija unía extremidades y órganos junto a aquel extranjero. Todo pudo acabar allí y hubiera sido lo mejor. Luego podría haber habido una discusión, donde todos hubieran avanzado personalmente, donde se hubieran creado buenas relaciones y cerrado antiguos miedos, pero la lengua viperina del armero estubo presente aquella noche para envenenar los pensamientos del padre de la Loca quien estorbó la lujuria y la transformó en horror. Primero se encargó del joven a quien le dio una tunda del que casi no salió vivo, pero no acabó allí, pues él ya no era él y el armero lo dirigía, como hoy en día dirige a tantos y el armero odiaba más que nadie a la Loca, por haberlo despreciado, y dio al padre un cuchillo y éste lo utilizó contra su hija. Paso a paso y con la ayuda del armero, hicieron esa noche la mayor barbaridad que jamás haya existido. El cuchillo desgarro clítoris y órganos y la Loca casi murió allí junto a su amado. Su padre le arrancó todo mientras la sangre se derramaba de la hemorragía que sufrió la Loca, quien ya no lloraba, pues estaba cansada, al borde de la locura, dentro de la cual al final cayó. Pero lo peor no acabó allí, pues el padre hizo comer el órgano sexual de su hija al amado extranjero, quien amenazado con el cuchillo lo tragó para no masticar, no por asco, sino porque consideraba que no era quien para hacer sufrir aún más a aquella pobre mujer, pues consideraba que masticar su órgano era participar de la barbarie en la que le metieron sin haberlo deseado ni pedido, pero se encontraban en el Bosque de los Deseos y en este lugar, a veces, los deseos son engañosos.

Después de aquel suceso ya nadie volvió a ver al padre quien realizando en su mente lo que acavaba de hacer, se alejó chillando, pues creiendo haber obrado bien, se dio cuenta que había entrado en su peor pesadilla, aquella que se le anunciaba noche tras noche durante muchos años y que, finalmente, se había hecho realidad, dándose cuenta que no se es libre por palabra sino por acciones. Nadie sabe lo que fue de él, algunos dicen que se tiró al Río del Destino. El armero pasó un tiempo en la Cárcel de Torturas, aunque su paso por ella no lo reinsertó, ya que no había nada que cambiar y porque allí se le trató bien y encontró mucho alumno a quien amaestrar. Tenía el mal dentro de sí mismo y sus actos habían sido siempre bien calculados. El extranjero, al límite de sus fuerzas, consiguió llevar a la Loca a un hospital y allí le salvaron la vida sin darse cuenta que su destino estaba escrito y era la muerte, pero no dejaron que esto sucediera y, entonces, la condenaron a una pesadilla eterna. Ahora los dos siguen juntos, ella porque no sabe ni donde vive, el otro porque siente que ya no pertenece a él mismo y debe quedarse al lado de la Loca, pues el órgano de ella nunca se ha desprendido del todo de su interior y sigue allí dándole amor y es el único consuelo que le queda.

Esta historia, que algunos creen leyenda, me la contaron después de que escuchara el grito de la Loca, una de las noches que iba a comprar la substancia del engaño eterno. Muy pocos la conocen y ahora el armero es el más popular del barrio y todos lo adoran, pues es el representante de lo peor de la sociedad, aunque todos piensan que son los valores a seguir.

viernes 12 de diciembre de 2008

Edición de libros

Clicando en el link que hay en el apartado Mi Mundo, veréis que la página web se ha renovado y os invita a utilizar como queráis dos libros que vengo de editar (yo mismo) en Francia. Junto a una pequeña explicación y el porque de editarse uno mismo sus libros.

La última experencia que tuve fue hace casi una semana en un mercado donde expuse mis libros en el stand de mi novia. Había diez del de cuentos y cuatro del de poesía (los poemas están en castellano y no quería arriesgarme a hacer muchos). Se vendieron la mitad de cada uno y obtuve 10'50 euros (fueron vendidos a precio libre y la gente pagó a una media de 1'50 euros el libro), es decir, me pagué las fotocopias y obtuve un beneficio de 4 euros que augmentará cuando venda los otros (aunque creo que los voy a regalar). Como véis no lo hago con ánimo de lucro, sino simplemente porque me gusta escribir, compartir lo que hago y así promover una lectura diferente, con una edición alternativa.

Como es habitual, los comentarios a este post quedan abiertos para opiniones, críticas constructivas, ideas, ayuda o saludos.

martes 9 de diciembre de 2008

Historia de un Barrio: La Calle del Destierro

La Calle del Destierro es perpendicular a la calle de la Esperanza y la de la Amargura, por lo que une estas dos calles antagónicas. No tiene colores ni olores, es sobretodo gris, blanca y negra, pero de un extremo los colores luchan por el protagonismo y algún que otro árbol da vida al paisaje de edificios arquitectónicamente indeseables donde no vive nadie. Del otro lado es la oscuridad quien vence. Precisamente, la Calle del Destierro es significado de contrario. De un lado la luz y el color, del otro todo es negro y oscuro. La vida y la muerte, la verdad y la mentira, un chillido y un susurro. Todo se entremezcla haciendo una unión imposible, tremendamente sarcástica y es por eso que nadie habita, es más, todo el mundo evita pasar por esta calle, aunque siempre está transitada. Los coches avanzan a trompicones y suele ser gente de fuera del barrio y de la ciudad, que se han perdido y se encuentran de golpe en un laberinto de dudas, donde la más presente les tortura interrogándoles si continuar adelante con su misera vida o dejar todo e ir al lugar multicolor que se ofrece en el horizonte. Son pocas las bicicletas que circulan por la calle. Sin embargo, los peatones son muchos. Todos andan con la cabeza baja, tienen verguenza o no se atreven a que el poco sol que alumbra la calle les muestre las vergüenzas del mundo o la suya propia.

Entre los edificios inhabitados, que recuerdan la hipocresía de pisos vacíos cuando hay gente que duerme en la calle, que hay en la Calle del Destierro, también encontramos dos que bullen de movimiento. Uno durante el día, es la Cárcel de Enseñanza, donde roban el tiempo a los pequeños. El otro sobretodo durante la noche, la Cárcel de Torturas, donde los servidores del sistema, con traje oficial, encierran a maleantes y otros que no son tantos. A estos segundos además les odian porque les temen y por eso les privan de libertad, pues saben que es el bien más preciado que tienen. Algunos de mis allegados han pasado por sus despachos y muchos de estos algunos han salido cambiados, tanto físicamente como psíquicamente

Por esta calle ha pasado mucha gente y lo siguen haciendo y se dice que por allí viajó entre sombras el armero, pues antes de crear su armería en la Calle de la Amargura y venderse al sistema, contra aquello que tanto tiempo había luchado, había vivido entre mis allegados y fue fundador de muchas batallas y asociaciones. No obstante, lo venció el odio y el miedo y la venganza le hizo hacer mal a gente que no lo merecía y ahora no anda por buenas causas y su negocio es la guerra y el terror y es jefe de los vendedores nocturnos de la Plaza de la Mentira y su historia es horrible y muchos de los desterrados que se cruzaron por su camino en esta calle, larga y sin tiempo, cayeron presas del pánico y ahora son sus mendigos, siervos sin palabra que acatan sus mandatos sin rechistar. Son máquinas sin pensar, que odian tanto al armero como a sus propias vidas y odian haber dejado de lado la alegría y haberse internado por caminos pesarosos y cenagosos y no haber sabido respetar. Quienes peor lo llevan son aquellos que intentaron dejar la Calle de la Amargura y se internaron con valentía por el Destierro y algunos casi llegaron a cambiar de vida, a ser libres. Mas su maldición fue ser engañados por la despiadada persona del armero, quien perdió un día la vergüenza y el corazón y ya nunca los ha recuperado.

Yo nunca he tenido miedo a esta calle, siempre la he atravesado con mi perro para ir hasta la Calle de la Esperanza y de allí a la Revolución. No obstante, pasaba rápidamente y sin mirar, mi objetivo no era el cambio, yo estaba entre las otras calles y ya hacía demasiado tiempo para que transformara mi vida. Mas hace un tiempo que la cruzo lentamente, en una lucha interior. Mis allegados me llaman, cada vez estoy más cerca de la esperanza y tengo miedo y conozco la historia del armero y veo gente que se cae y no aguanta el peso de las humillaciones. Es difícil pasar de un lado a otro, sobretodo aquellos que se encuentran entre la amargura, pues les han sorbido tanto el coco que ya no ven más lejos de lo que les mandan y sus pensamientos son obtusos. Los que vienen de la esperanza, se esconden, no se atreven a creer que se han dejado vencer, que sus luchas no han servido de nada y normalmente no duran mucho. El suicidio es lo más común, sino se vuelven en algo peor que los peores ladrones de almas. Yo avanzo y avanzo, día a día, ahora observando, ahora discutiendo conmigo mismo y mi perro al lado me da fuerzas, pues él entiende el proceso, pues sigue el curso de lo natural, el continuum de la vida. Prefiere estar dentro de la esperanza, cerca de su plaza preferida, más que en ninguna otra calle. Yo, al contrario, tengo más dificultades, ya me he acostumbrado a lo fácil, el consumo, la vida sin reflexiones, pero quiero llegar y cuando ya me encuentro en la verdad, en la libertad, me lleno de gozo y sé que dentro de pocos días todo se habrá acabado y el cuarto que me tienen preparado se llenará con mis pocas pertenencias.

jueves 4 de diciembre de 2008

La Felicidad

Hoy me han enviado un Meme de la felicidad. Me ha hecho mucha ilusión, aunque sobretodo me ha encantado y llenado de alegría el comentario con el cual Psikoloca, que me ha transmitido el meme, me ha comunicado el regalo. Estaba lleno de esperanza y de... felicidad. Lo que me ha dibujado una buena sonrisa, ya no en la cara, sino en el corazón, en lo más profundo de él, pues me ha dejado ver que parte de la emoción que transmitía dicho comentario venía dado por uno de mis relatos y para alguien a quien le gusta escribir no hay mejor manera de ser feliz que saber que hay personas, aunque solo sea una, que leen mis relatos, que los saborean, les sacan el juego que llevan dentro. Encontrando en cada texto, en cada mensaje el diamante escondido y que debe ser utilizado con cuidado y cariño.

Por otra parte, no voy a continuar con las reglas del meme, pues considero que es otra forma actual de virus en la blogosfera, para darse publicidad (aunque sé de buena mano que Psikoloca me lo ha enviado con verdadera felicidad, con el corazón, pues tengo su comentario como testigo. No te lo tomes a mal) y que se va extendiendo por Internet. Puede que hubiera posteado algo si no hubiera habido reglas, como por ejemplo tú, Psikoloca, has hecho, que escribiste el post antes de leer éstas. Yo hice el error de leerlo entero.

No obstante, si que voy a hacer algo que sugiere el meme de la felicidad, y voy a decir que una de las cosas que me producen mayor felicidad es escribir. Por eso existe este blog, por eso publico mis propios libros, escribo a todas horas y cuento cuentos. Por eso tengo otro blog donde escribo casi a diario y cuento anécdotas, comparto remedios y recetas, por el simple gusto de dar sin recibir y de escribir. Más aún me produce mayor alegría y felicidad cuando veo los comentarios de los que leen mis posts, pues siento emoción y el tuyo, Psikoloca, es uno de los que me han producido más felicidad. Espero seguir leyéndote entre los comentarios y en tu blog.